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Rudolf Hommes
Puntos de vista

Después de la segunda vuelta

Una de las preocupaciones que no perturba a la mayoría de las personas que van a votar el 21 de junio próximo es que no saben lo que se proponen hacer los candidatos por los que ya decidieron votar, tanto los de la derecha como los de la izquierda. Los dos se han quedado callados para evitar que sus ideas les quiten votos o para ocultar lo que tienen reservado para el futuro. No hicieron promesas ni advirtieron cómo van a manejar los problemas que demandan inmediata atención. No ofrecieron una visión del Estado que van a dirigir o de la nación que ambos aspiran a refundar. 

El futuro puede tener reservados varios escenarios en los cuales seguir a estos líderes ciegamente va a traer devastadoras consecuencias para los que ganen la elección o para los que pierdan. También puede haber escenarios que nos beneficien a todos, pero posiblemente no estén preparados los que sean elegidos para manejarlos.

Parece que lo que tendrá que atenderse primero es la salud, la seguridad y la ocupación del territorio por grupos ilegales armados, la mayoría de ellos vinculados a la producción, a la exportación de estupefacientes, y explotaciones ilegales o extorsión de las poblaciones en los territorios que gobiernan. Hay muchos otros frentes desatendidos por el gobierno saliente o perjudicados por sus políticas, como es el caso del sector eléctrico y de la posible crisis que se espera, provocada por el Fenómeno del Niño y la imprevisión oficial.  

Oyendo a José Manuel Restrepo, los dos problemas iniciales, salud y recuperación de los territorios invadidos por mafias y disidentes, serán atendidos inmediatamente. El otro bando parece preparado para hacer lo mismo. Lo que preocupa es que posiblemente no va a ser fácil tener éxito y va a costar mucho más de lo que ellos creen. El gobierno saliente logró acabar con la organización del servicio de salud pública, lo desangró primero y luego se hizo cargo para seguir destruyéndolo. Varios de los funcionarios responsables de estos actos oficiales vandálicos se han afiliado a la candidatura de Iván Cepeda y muy posiblemente coadyuvarán a seguir haciendo lo mismo. Si gana de la Espriella van a meterle plata para no dejar a la población sin medicinas y sin atención, pero no dicen cómo lo van a hacer ni ofrecen una idea de la organización que le pretenden dar al sistema. Tampoco hacen referencia los dos candidatos a los estragos que causó la subida del salario mínimo en las pymes y en el sector de servicios.

En seguridad, De la Espriella  piensa involucrar a Estado Unidos, a Israel y a Inglaterra para que le ayuden a recobrar el control, pero parece que no tiene en cuenta que ya no se enfrenta a una organización local, como sucedía con las FARC, sino a una asociación internacional de malhechores que manejan ese negocio y tiene recursos financieros, tecnológicos y armamentos muy superiores a los de nuestra fuerza pública y del resto de la nación, como lo ha podido comprobar la presidenta de México. Y no se sabe si contarán con el apoyo irrestricto de los tres países mencionados. 

La atención a estos problemas tomará posiblemente años, y demandará recursos que en este momento no sabemos de dónde provendrán dada la situación fiscal, el déficit del sector público, el aumento de la deuda pública y de sus intereses, fruto de una política fiscal y de un manejo financiero posiblemente descuidado, o por lo menos inadecuado. Un apagón agravaría esta situación, pues se disminuiría la productividad y dificultaría ponerla a crecer como sueña el candidato de la derecha. Esos tres problemas agotarían, a mi juicio, la capacidad administrativa del nuevo gobierno y sus posibilidades de financiación, aun si emprende una reforma tributaria muy ambiciosa y obtiene colaboración internacional de otros gobiernos, el Banco Mundial y FMI. 

Para el otro candidato, Iván Cepeda, el panorama no va a ser mejor. No conocemos el equipo económico que le va a ayudar a superar la situación fiscal. Nadie sabe cómo se va a manejar después de la elección.

El tema de seguridad y control territorial se podría agravar, en lugar de mejorar, si continua la política de Paz Total. Sería muy dudable que Cepeda pueda construir un sistema que pueda atender a la población colombiana garantizando su derecho a la salud. 

No todos los posibles escenarios del futuro serían adversos. Por ejemplo, si Cepeda acudiera a Felipe Gonzalez y él le brindara asesoría como la que obtuvo de Willy Brandt, el manejo económico lo haría el Gobierno en colaboración con la junta del Banco de la República. El ministro de Hacienda sería alguien ortodoxo, como fue un Salomón Kalmanovitz más joven, y el presidente apoyaría a su ministro, respetando la independencia del Banco. España comenzó a ponerse a la altura de Europa siguiendo ese camino. Este sueño posiblemente no se cumpla y el futuro económico que nos espera es el de Venezuela, Cuba y Nicaragua, por ejemplo. Tanto De la Espriella como su equipo sueñan con poner la economía a crecer y a alcanzar a las más dinámicas economías que nos superaron después de 1960, como por ejemplo Corea del Sur. 

Pueda ser que De la Espriella no quiera ser como Bukele ni quiera encarcelar al 2 por ciento de la población colombiana, ni enfrentar al Ejército Nacional a combatir a las bandas criminales, a las disidencias y al ELN en el estado calamitoso en que dicha fuerza se encuentra. Posiblemente aspire a ser como Lee Kuan You, el fundador de Singapur que se les metía hasta en la cama a los ciudadanos de ese país, emparejando a jovenes de orígenes diversos para romper la tradiciones tribales o las identidades que se oponían al progreso. En esa época le oí a decir a una australiana en Singapur que el presidente era un “f.ck.ng chinese Hitler¨. Eso me pareció excesivo, pero represivo si lo fue. La recompensa para haber soportado este tipo de intromisiones y otros abusos es que la población es ahora mas homogénea, mucho mas rica y mejor preparada para moverse en un mundo tumultuoso, pero sigue sometida a un régimen autoritario nepotista. 

Tanto Cepeda como De la Espriella han prometido combatir y desterrar la corrupción. Ojalá no se le ocurra organizar Comités de Abolición de la Corrupción comandados por Robespierres locales. 

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