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LA MOTOSIERRA DE PAPUCHO

LA MOTOSIERRA DE PAPUCHO
Ana Bejarano Ricaurte
Los Danieles

LA MOTOSIERRA DE PAPUCHO

Al contrario de lo que se cree, en Macayepo no hubo una masacre al estilo de la de El Salado o la de Chengue, ejecutadas en la plaza principal y al son de tamboras y vallenatos. Fue una matazón que dejaba cuerpos destrozados con motosierra en los caminos a medida que Cadena amasaba su capital con ganado robado. Todo amparado. Todo desfigurado.

Alfredo Molano Bravo

El programa de gobierno del candidato que obtuvo la mayor votación el pasado domingo es un folleto de centro comercial, lleno de fotos, dibujitos, colores estruendosos y letra muy grande. Sucinto y llamativo, como debe ser cualquier catálogo populista pensado para convencer a millones de personas. 

Sobre la motosierra al estilo de Javier Milei que promete pasar por el Estado colombiano, inicialmente dijo que reduciría a 10 los 19 ministerios y acabaría con 700 mil cargos que le “sobran al Estado”, pero tal vez eso era mucho número, especialmente cuando se cuenta cada voto para la segunda vuelta. 

En el panfleto que publicaron recientemente, ahora prometen “consolidar un ‘programa de ajuste fiscal’ que reduzca el tamaño del Estado hasta en una cuarta parte (aprovechando la nueva ley de SGP y así lograr en simultánea un fortalecimiento de la descentralización territorial)”. También insisten en la reducción del Estado en un 40 % y en un ahorro de 25 billones de pesos anuales. 

El vendedor de ron proponía además eliminar la Jurisdicción Especial para la Paz, el INPEC y todo el establecimiento carcelario para entregárselo a los privados y policías retirados. En la última ronda de medios del candidato duquista a la vicepresidencia, José Manuel Restrepo, ahora vende otra posición para decir que esperarán a que la JEP cumpla su periodo legal. 

Es la política pública al ojo: la que señala gestas imposibles, sin un plan concreto que permita siquiera imaginarlas. No han explicado una sola vez cuáles serán los ministerios que desaparecerán ni los criterios para definir los cargos que eliminarán. Y no pueden explicarlo porque todo lo que han dicho es una improvisación mediocre.

El Estado colombiano cuenta con casi un millón y medio de cargos entre funcionarios de planta y contratistas. Acabar con 700 mil equivale a prácticamente a la mitad de todo el empleo público del país. De esos puestos contamos a 333 mil docentes y 410 mil uniformados. ¿Cuáles serán entonces los cargos que recortará el Papucho si promete impulsar la guerra contra el narcotráfico y la educación?

Por eso es tan jocosa la idea de que el Restrepo le trae seriedad a la propuesta de De la Espriella, como le dijo conmovida una periodista que fungía de relacionista pública esta semana. Al contrario, resulta patético que un señor que se precia de ser un técnico impulse semejantes boberías irrealizables. 

Como todo en esta propuesta ultra, se trata de retazos de otros neofascismos en el mundo. El recorte estatal es una referencia a lo que hizo Milei con el Estado de bienestar en Argentina. Ese abismo burocrático tuvo enormes implicaciones en las vidas de miles de argentinos que, aunque lo votaron, se arrepintieron muy pronto. No son pocos los videos en redes sociales de personas que se quejan de quedarse sin laburo.

El domingo pasado Cuestión Pública, el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), Rutas del Conflicto y Vorágine publicaron una investigación periodística según la cual existirían 17 mil funcionarios públicos inscritos como voluntarios en la campaña que promete reducir al Estado en un 40 %. ¿Cómo explica la política moderna estos actos de masoquismo electoral?

Lo cierto es que el Estado colombiano y el argentino son muy distintos, por su conformación (uno es federal y el otro no); por el alcance de las políticas de bienestar que impuso por décadas el kirchnerismo (cosa que no ocurrió acá) y porque Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Si en el Río de la Plata el paso de la motosierra ha dejado a mucha gente en la indigencia, no es difícil anticipar lo que puede pasar aquí. 

Aun así, confieso que siempre me pregunté por qué la exitosa campaña digital de De la Espriella nunca explotó el término de la motosierra para simbolizar el recorte estatal que promete. ¿Cómo desaprovechar semejante símbolo eficaz, que además vuela a toda velocidad por las redes sociales y ya está instalado en el debate público digital latinoamericano? ¿Cómo ignorar la motosierra que llevó Milei para que Musk batiera ante un público republicano enardecido? Tal vez porque acá ella tiene un significado distinto.

El Centro de Memoria Histórica la clasificó como “tecnología del terror”: 

“La estrategia que se autoproclama contrainsurgente encubre, pues, otras lógicas de acción: ‘limpieza social’, ‘limpieza política’ y lo que pudiéramos llamar ‘limpieza institucional’ (coacción/eliminación de funcionarios públicos). La masacre se alimenta así de una retórica de la purificación y la asepsia social que le sirve de legitimación frente a algunos sectores del entorno social”. 

Fue en las masacres de Trujillo que se inauguró la alianza entre narcotraficantes, paramilitares y la fuerza pública (esquema que el candidato Papucho conoció de cerca como abogado), pero también el uso de la motosierra para descuartizar vivas a las víctimas. “La motosierra, inaugurada en Trujillo como herramienta del terror, se convertirá en la forma como es representada la violencia paramilitar y su carácter extremo”. Y aunque es una motosierra distinta a la del recorte estatal, se trata de una que tal vez cumple propósitos parecidos en esta patria que a veces quieren vender como un milagro.

*El Veinte, la organización que codirijo, hizo el acompañamiento legal en la mencionada nota periodística. 

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