
El ‘juicio del siglo’ contra el expresidente Álvaro Uribe por los delitos de soborno a testigos y fraude procesal está llegando a su fin y se espera que, a principios de agosto, la juez 44 emita su veredicto.
Y, aunque el juicio no ha terminado, no se necesita ser adivino para advertir hacia dónde va el agua al molino. Hasta ahora, ninguna de las pruebas presentadas en contra del expresidente ha podido ser desvirtuada por sus abogados y, en cambio, lo que se ha ido ratificando es el papel estelar que tuvo Uribe en la estrategia criminal que se urdió en el año 2018. Según las pruebas presentadas por la Fiscalía, el expresidente, quien en ese momento era senador de la República, habría fraguado un plan con el fin de sobornar a varios paramilitares que estaban en la cárcel para que se retractaran de los señalamientos que le habían hecho en su contra cuando, en diferentes escenarios judiciales, lo vincularon a los paramilitares.
El juicio, que fue visto por miles de colombianos, expuso por primera vez ante un juez la cara oscura del expresidente, esa que la mayoría del país desconoce. Y lo que se vio a lo largo de ese proceso judicial no fue a un exmandatario afanado por mostrar su inocencia, sino a un poderoso jefe político que se movía en el bajo mundo del hampa como pez en el agua y que hablaba por teléfono con bandidos. Hace poco, los uribistas cuestionaban duramente al presidente Gustavo Petro por haber sacado de la cárcel a varios gestores de paz que pertenecen a la temible Oficina de Envigado para subirlos a una tarima en Medellín en la que fueron mostrados como trofeos de una paz total que no llega. No les falta razón, pero se les olvida que su jefe —en unos audios que fueron presentados como prueba en el juicio—, salió hablando de tú a tú con bandidos como si fuera todo un ‘Don’.
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