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“La indolencia es probablemente el peor problema de cualquier organización”: Juan Carlos Echeverry
Juan Carlos Echeverry, presidente de Banco de Bogotá. Crédito imagen: Cortesía.
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“La indolencia es probablemente el peor problema de cualquier organización”: Juan Carlos Echeverry

El nuevo presidente del Banco de Bogotá habla con CAMBIO del reto de dirigir una organización de 11.000 empleados y de los retos y oportunidades para el futuro económico de Colombia y salir de “una década sombría”. Echeverry espera transformar y fortalecer a la entidad financiera su estilo de liderazgo que pone a la mentoría en el corazón de su estrategia.

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

Juan Carlos Echeverry tiene un estilo de liderazgo estratégico. En las últimas semanas, desde que llegó a la presidencia del Banco de Bogotá, se ha dedicado a repartir por las oficinas y sedes de la entidad financiera unas tarjetas que imprimió personalmente con tres conceptos escritos: valor, colaboración y solución.

“Voy 5.000, pero son 11.000 trabajadores. Las entrego, les doy un discurso y en esos momentos les cuento una historia: tengan mentores para todo, pregúntenles a dos o tres personas qué piensan. Yo he hecho eso toda la vida”.

Irónicamente, cuando Echeverry tenía 24 años le ofrecieron un cargo en el Banco de Bogotá por el doble de sueldo que devengaba en ese entonces en el Banco de la República. Su mentor de ese entonces, Carlos Caballero, le dijo que no cambiara de puesto, que aún no era el momento y debía seguir forjando su experiencia. Tenía razón.

“Yo todo el tiempo busco mentores, porque parto del principio de que uno no se las sabe todas, pero sí hay gente que sabe muchísimo de distintos temas. Eso evita aprender a punta de totazos y ahorra mucho tiempo y costos”, cuenta Echeverry en conversación con CAMBIO desde las oficinas del Banco de Bogotá en el centro de la capital.

Antes de asumir este rol, como era de esperarse, le preguntó a Caballero si debía aceptar el cargo. También a Luis Alberto Moreno, expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, a la exministra María Fernanda Suárez y a Alejandro Salazar, autor de la Estrategia Emergente. “Y claramente le pregunté a mi esposa, Verónica Navas, mi mentora en jefe”, admite.

Hoy Echeverry está al frente del banco privado más antiguo del país. Su meta es seguir impulsando la transformación digital de la entidad en un sistema financiero cada vez más competitivo, y crear más valor para los clientes. En entrevista con CAMBIO, habló sobre su plan para la entidad, su visión sobre la situación económica del país y las oportunidades que tiene Colombia hacia adelante para salir de lo que él llama “una década sombría”.

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Juan Carlos Echeverry llegó a la dirección del Banco de Bogotá a inicios de mayo. Crédito imagen: Cortesía. 

CAMBIO: Usted tiene una trayectoria amplia. Ha estado en el Ministerio de Hacienda, Planeación Nacional, Ecopetrol, la academia, en consultoría y también como candidato presidencial. Ahora llega a un rol distinto: liderar un banco. ¿Cómo espera incorporar su visión de liderazgo? 

Juan Carlos Echeverry: Primero, es un reto enorme. Yo he trabajado fundamentalmente en la función pública. Desde que estudié Economía en la Universidad de los Andes, mi inspiración siempre ha sido tratar de que Colombia funcione lo mejor posible. Uno conoce las limitaciones del país, sus talentos, sus problemas, pero la pregunta siempre ha sido: ¿cómo hacemos para que esto funcione mejor?

Esa inspiración la he llevado adelante desde distintos espacios: el Banco de la República, Planeación Nacional, la academia, el Ministerio de Hacienda, el BID, Ecopetrol y mi firma de consultoría. Pero esta es la primera vez que voy a intentar aportar desde la empresa privada.

Para mí esto tiene un significado profundo y personal. Nunca había estado al frente de una empresa privada. Ecopetrol es una compañía con lógica de mercado, pero sigue siendo una empresa mayoritariamente pública. Así que este es un desafío muy importante.

Además, creo que Colombia está entrando en un momento fascinante. Venimos de lo que yo llamo “la década sombría”, entre 2015 y 2025, probablemente la etapa económica más dura desde los años cincuenta. Pero también creo que estamos empezando una década distinta.

CAMBIO: ¿Independientemente de lo que pase en las elecciones?

J.C.E.: No. Nada es independiente de lo que pase en las elecciones. Si se comete un error grave, podríamos prolongar esa década sombría. Pero sí creo que Colombia tiene una oportunidad enorme, y si sumamos todo lo que está pasando con Venezuela, aún más. 

La economía es mucho más frágil de lo que la gente cree. Uno entra a un supermercado y ve abundancia: marcas, productos, servicios. Pero todo eso depende de que miles de incentivos funcionen correctamente. Si alguien juega irresponsablemente con los precios o con las reglas económicas, los mercados se vacían muy rápido. Lo vimos en muchos países.

Por eso digo que todos los días hay que alimentar la economía. Y ahí el sistema financiero juega un papel privilegiado. Los bancos somos causa y efecto del desempeño económico. Si a la economía le va bien, hay más crédito, más depósitos, más inversión. Y si a los bancos les va bien, también se facilita el crecimiento. Es un círculo virtuoso. El sistema financiero es como una esponja de todo lo que pasa en la economía, todo lo bueno y todo lo malo. 

Mi tarea es hacer que el Banco de Bogotá sea parte central de ese despegue después de la década sombría.

CAMBIO: ¿Por qué dice que esta última década fue tan complicada para la economía colombiana?

J.C.E.:  Porque Colombia venía acostumbrada a ciclos relativamente estables: seis años buenos y dos años difíciles. Eso le daba a la gente confianza en el progreso.

Pero entre 2015 y 2025 tuvimos tres crisis fuertes en diez años. Primero, la crisis petrolera. Después, la pandemia. Luego, el estallido social. Y más recientemente, un frenazo económico muy fuerte.

Eso deterioró la confianza. Sumado al deterioro de la seguridad, terminamos viviendo una década particularmente dura. Aun así, yo soy optimista, y veo a todo el mundo muy preocupado, distinto a los peruanos y los mexicanos que han visto un montón de crisis políticas y están acostumbrados y no tienen la epidermis tan sensible como nosotros. Creo que Colombia tiene bases sólidas y que hay razones para pensar en diez años muy positivos.

CAMBIO: Hablaba también de Venezuela como una oportunidad. ¿Qué ve en el país vecino para Colombia?

J.C.E.: Sí. Venezuela representa una posibilidad gigantesca no solo para Colombia, sino para esta región. Hoy venezolanos y colombianos se conocen mucho más que hace 25 años. Hemos hecho negocios juntos, convivido, trabajado. Yo tengo una teoría: Colombia y Venezuela deberían funcionar como un mercado integrado de 80 millones de personas.

Las fronteras, en la práctica, ya son fluidas. Si logramos consolidar una integración económica parecida a la de algunos países europeos, el potencial sería enorme.

CAMBIO: ¿Por qué cree que Luis Carlos Sarmiento y la junta del banco lo escogieron como presidente?

J.C.E.: Eso habría que preguntárselo a ellos. Pero lo que sí puedo decir es que el doctor Sarmiento me dijo algo muy claro: “Usted y yo compartimos principios y valores”.

Yo creo que hay ciertas cosas que el banco necesita hacer y que coinciden con mis fortalezas. Soy una persona orientada a crear valor, a resolver problemas, a poner sentido de urgencia.

Yo soy impaciente. El otro día me dijeron que un proceso se demoraba ocho meses y respondí: “En ocho meses se cambia una Constitución”. Después alguien remató diciendo: “En nueve meses una mujer da a luz”. Y sí: ocho meses no puede demorarse nada. 

Compito con bancos que hacen procesos en semanas. Entonces, necesitamos urgencia, apropiación y foco absoluto en el cliente.

CAMBIO: Usted ya trazó una hoja de ruta: cercanía con el cliente, trabajo colaborativo y resolución de problemas. ¿Cómo hacer que esa visión permee una organización de 11.000 personas?

J.C.E.:  Mi abuela decía: “¿Cómo se sube una montaña? Suba y no pregunte cómo”. Yo creo mucho en repetir los mensajes. No soy ingenuo. La gente no necesariamente le cree a uno al principio. Piensan: “Otro presidente, otra transformación”. Entonces hay que insistir, insistir e insistir.

Todas las transformaciones arrancan enfrentando escepticismo. Pero llega un momento en que la gente deja de frenarlo a uno y empieza a empujar. Y ahí las organizaciones cambian de verdad.

Eso me pasó en Ecopetrol y en otros lugares. Cuando suficiente gente cree, aparecen resultados que incluso sorprenden.

CAMBIO: Hoy el sector financiero enfrenta cambios tecnológicos profundos, nuevos competidores y más presión digital. ¿Cuál va a ser el diferencial del Banco de Bogotá?

J.C.E.: Llevo apenas unas semanas en esto, así que todavía estoy absorbiendo información. Pero sí tengo claro algo: hay procesos que ya son inadmisibles. Desde que llegué, mucha gente me escribe para contarme problemas con el banco. Procesos manuales, demoras, dificultades tecnológicas. Eso no puede seguir pasando.
Nos pusimos metas concretas para eliminar manualidades. Hoy no tiene sentido que un cliente tenga que desplazarse para una firma o que un trámite tome días porque alguien debe intervenir manualmente.

Yo creo que en algunas instituciones se atrofió el sistema nervioso. El dolor del cliente no llega al cerebro de la organización. Y si el dolor no se siente, el problema crece. 

Parte fundamental de lo que quiero hacer es reconstruir ese sistema de sensibilidad. Al banco le tiene que doler lo que le duele al cliente. La indolencia es probablemente el peor problema de cualquier organización.

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Echeverry considera que al país le espera una década favorable en materia económica. Crédito imagen: Cortesía. 

CAMBIO: Usted dijo que el sistema financiero funciona como una esponja de la economía. ¿Cuáles son los mayores retos que tiene hoy el sector?

J.C.E.:  Colombia todavía tiene muchísimo espacio para crecer financieramente. Hace unos años, el crédito representaba cerca del 50 por ciento del PIB; hoy está alrededor del 40 por ciento. En Chile es 80 por ciento y en economías desarrolladas puede superar el ciento por ciento.

Eso significa que Colombia necesita más crédito, más actividad empresarial y más crecimiento. Yo digo que Colombia es un país pequeño para el potencial que tiene. No basta con que las empresas actuales crezcan un poco. Necesitamos muchas más empresas y mucha más actividad económica.

CAMBIO: Pero hay una discusión central hoy: las tasas de interés. ¿Cómo ve la política monetaria del Banco de la República?

J.C.E.: Las tasas de interés son el mecanismo que usan los bancos centrales para controlar la inflación. Cuando el gobierno gasta demasiado o se genera exceso de demanda, aparece la inflación.

Entonces el Banco de la República sube las tasas para frenar el consumo y enfriar la economía. Mucha gente cree que cuando suben las tasas a los bancos les va mejor, pero no necesariamente. Los bancos somos el canal por el que se transmite ese dolor a familias y empresas.

CAMBIO: ¿Y qué tan delicada es la situación fiscal de Colombia hoy?

J.C.E.: Es muy delicada. Estamos hablando de un déficit cercano al 7 por ciento del PIB, algo muy grande.
La buena noticia es que las familias y las empresas colombianas, en general, están relativamente sólidas. Además, Colombia mantiene una gran credibilidad internacional. Es un país que históricamente ha pagado sus deudas y eso sigue atrayendo capital. Pero el desorden fiscal sí debe corregirse.

CAMBIO: Sea quien sea el próximo presidente, le tocará enfrentar ese problema. ¿Qué debería hacer?

J.C.E.:  Hay cuatro elementos clave. Primero, un recorte fuerte de gasto. Segundo, una reforma tributaria inteligente. Yo incluso creo que podría haber espacio para bajar ciertos impuestos y aumentar el recaudo por crecimiento.

Tercero, recuperar credibilidad. Si el mercado cree en el plan fiscal, las tasas de interés empiezan a bajar. Y cuarto, crecimiento económico. Si la economía crece más rápido, todo mejora como porcentaje del PIB. Eso no se resuelve en seis meses. Toma tiempo y requiere mucha disciplina política.

CAMBIO: ¿Eso implica recortar gasto social?

J.C.E.: No necesariamente. Los programas esenciales de salud, educación o apoyo a adultos mayores deben mantenerse. Pero sí creo que hay mucho gasto superfluo en el Estado. Todas las organizaciones lo tienen. El reto es cortar grasa sin cortar músculo.

CAMBIO: Para cerrar, ¿usted es optimista con Colombia?

J.C.E.:  Sí. Colombia tiene empresas sólidas, instituciones que resistieron años difíciles y una posición geopolítica privilegiada. Desde afuera, Colombia sigue siendo vista como un país confiable. Lo que necesitamos es recuperar la confianza interna.

Las posibilidades para que este país tenga diez años brillantes están ahí. Pero hay que aprender de los errores y tomar buenas decisiones.
 

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