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El legado de Comapan: la historia de la empresa que llevó el pan tajado a los hogares colombianos
Alejandro Vélez, presidente de Comapan.
Empresas

El legado de Comapan: la historia de la empresa que llevó el pan tajado a los hogares colombianos

Lo que comenzó en 1950 como una pequeña fábrica familiar en Bogotá terminó convirtiéndose en una de las compañías panaderas más tradicionales del país. Bajo el liderazgo de Alejandro Vélez, Comapan apuesta por la innovación, la expansión internacional y la permanencia de una marca que ha acompañado durante décadas la mesa de millones de colombianos.

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

Cuando Alejandro Vélez era niño, solía correr por los pasillos de la fábrica de su familia en medio del olor a pan, los sacos de harina, las mermeladas y los ponqués. Allí creció, sin imaginar que, años más tarde. estaría al frente de esa empresa: Comapan. 

“No soy el mejor panadero, pero sé cómo vender, recomendar y entender el producto. Ese ha sido mi enfoque”, admite Vélez, cuya formación es la ingeniería civil y la administración de empresas, dos disciplinas lejanas a la artesanía del pan. El empresario asumió la dirección de la empresa, una de las más tradicionales del sector a nivel nacional, hace casi una década. Hoy lidera a 1.200 personas, coordina cinco plantas y supervisa toda la operación nacional. 

Cuando Comapan inició en 1950 no eran 1.200 trabajadores, eran 10 los operarios. En ese entonces no era habitual que los colombianos comieran el pan en sandwich o como tostadas, algo que sí venía ganando mucha popularidad en Estados Unidos. De ahí surgió la idea de negocio: el pan tajado.

Comapan, una de las compañías más tradicionales del sector panadero en el país, nació hace casi ocho décadas como un negocio familiar de unos hermanos paisas que se instalaron en Bogotá y montaron una fábrica en la Calle 13, entre las carreras 41 y 43. Su pan tajado y empaquetado era un competidor extraño para todas las panaderías de barrio que producían pan fresco en la capital.

“El pan de Comapan es el pan del sándwich; así empezamos. Fuimos quienes introdujimos el pan tajado en Colombia. Desde entonces hemos mantenido una alta calidad, que sea muy agradable”, cuenta Vélez. 

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El negocio familiar, en ese entonces dirigido por Hernando Vélez Ángel, tío de Alejandro Vélez, comenzó a crecer cuando sus productos comenzaron a venderse en los almacenes de cadena un par de años después. En 1957 se dio otro hito para la compañía, crearon un ponqué Comapan, y años después un ponqué en tajadas cubierto de chocolate, la Chocolita.

“Incursionamos en ponqués, también desarrollamos productos muy colombianos como el calado, que se come con changua, las mogollas y panes integrales. Después ampliamos hacia otros productos. Nos preguntamos ¿Qué más se le pone al pan? mermelada y salsas, y así entramos en esas categorías”, explica el presidente de la compañía. 

En 1970 se creó la línea de mermeladas y con el nuevo milenio llegaron nuevos productos, como galletas con un centro de mermelada. Para el empresario, la receta familiar para que la empresa se haya mantenido por 76 años es manteniendo la calidad, mejorando los productos e innovando dentro de la categoría.

Los nuevos proyectos

Esta empresa de corazón paisa y tradición bogotana se fue afianzando en el mercado de los bogotanos, a pesar de la competencia con otras grandes marcas. Actualmente tienen cinco plantas de producción en Puente Aranda (Bogotá) y cuenta con cinco distribuidoras principales en Medellín, Santander, en la zona cafetera, Valle y Barranquilla.

Su modelo de negocio también se basa en distribuidores independientes que cubren diferentes regiones. “Esto es una gran fortaleza, porque son personas comprometidas con la marca”, dice Vélez. 

Su foco ahora, en el mercado nacional, es crecer en la Costa Atlántica, donde antes tenían poca presencia. “Siempre hemos estado muy enfocados en el centro y el oriente del país, pero no tanto en el norte. Es un mercado grande en el que estamos buscando crecimiento”. 

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La empresa ha mantenido por años sus ventas hacia Venezuela, especialmente desde Arauca y Norte de Santander. Vélez cuenta, con algo de gracia, que su producto estrella en el país vecino no es la panadería, sino la mayonesa. 

“A pesar de las dificultades políticas, la demanda de alimentos sigue existiendo y hemos logrado mantener presencia. La gente siempre tiene que comer y los productos llegan a los consumidores a través de distribuidores. Nuestros productos llegan porque en Venezuela los necesitan y no tienen la producción que tenían antes del régimen. Nosotros antes éramos importadores de productos, ahora somos exportadores”, dice el empresario. 

Pero la región no es el límite para Comapan: “Estamos haciendo pinitos para exportar a Estados Unidos y Santo Domingo (República Dominicana)”. 

Los retos de manejar una compañía 

Comapan se ha mantenido como un negocio de familia por décadas. Así como Vélez, quien sucedió a su tío en la dirección de la compañía, otros familiares participan en la empresa y en la junta directiva, aunque no tanto en la operación diaria. 

La clave para mantenerse en el tiempo, dice Vélez, es que han manejado la organización con respeto, entendimiento y cariño hacia los colaboradores.

“Tenemos personas que han trabajado 30, 35 y hasta más de 45 años con nosotros, y que se han pensionado con nosotros. Hemos sido responsables con los pagos y claros en la administración. La gente valora la disciplina y la claridad”, dice. 

Este compromiso fue lo que lo preparó para el mayor reto corporativo que ha tenido Comapan en los últimos años: la pandemia y el estallido social. 

“Sufrimos. Aunque trabajábamos 24 horas los siete días de la semana tuvimos dificultades para conseguir materias primas porque los proveedores en Antioquia, Valle o en Santander no podían despachar. Y nosotros no podíamos conseguir los ingredientes. Hicimos una cantidad enorme de proezas para traerlos”, recuerda Vélez. 

Después de eso llegó otro reto para todo el sector: el impuesto a los alimentos ultraprocesados y dulces, algo que golpeó sus ventas. El empresario reconoce que como compañía han estado trabajando en desarrollar opciones que no requieran sellos o que tengan impuestos. Sin embargo, dice, los clientes siguen prefiriendo los productos tradicionales, especialmente los de indulgencia como los ponqués: “Eso no engorda, lo que engorda es comerse diez panes en una sentada”. 

De hecho, el propio Vélez tiene algunos preferidos entre los 238 productos que conforman el portafolio de su empresa familiar. “A mí me encanta el pan integral o de centeno tostado con mermelada de naranja en el desayuno. Y al almuerzo, un sándwich con mayonesa Comapan, que considero la mejor del mercado”, dice sin pena el empresario. 

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Alejandro Vélez, presidente de Comapan. 

Aunque hoy la competencia es fuerte en el mercado, la calidad y servicio ha mantenido a Comapan como parte de la tradición de los hogares colombianos. Además de la red de distribuidores, se han enfocado en mantener una relación muy cercana con los tenderos, a quienes, cuenta Vélez, han apoyado incluso con crédito para ayudarlos a crecer. 

“Eso genera lealtad y hace que ellos recomienden nuestros productos a los consumidores, con cariño y con sonrisas”. 

Hoy Vélez se pasea como cuando era niño por la fábrica de Comapan, todavía disfruta de la imagen de los panes mientras salen del horno, del olor de los pasteles y el sabor de la mayonesa. Su negocio es su herencia familiar, y hoy es su trabajo preservar esa tradición que llega a millones de hogares colombianos. 

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