
La historia de Bolívar 83, el barrio que fundó Petro: entre la gratitud y el desencanto por su Gobierno
El presidente Gustavo Petro se tomó una cerveza fría en Zipaquirá el jueves pasado. Euclides recuerda que en su bar pusieron drones para evitar ataques y que ese día se despertó con miedo de sufrir un atentado en su tienda | Crédito: Alejandro Aristizábal
En las lomas de Zipaquirá, entre fachadas desgastadas por la humedad y escaleras que serpentean la montaña, se eleva el barrio que Petro ayudó a levantar con pica y pala hace más de cuarenta años. CAMBIO caminó sus calles y recogió las voces de quienes aún conservan la memoria de aquella resistencia, hoy atravesada por cuestionamientos y decepción por su paso por la Casa de Nariño.
La única forma de entender el barrio Bolívar 83 es subirlo a pie. La montaña exige el aliento y obliga a dejar atrás el centro colonial de Zipaquirá para trepar por escaleras de concreto que se abren paso entre estrechos callejones. Perros echados sobre los andenes o asomados en las fachadas de ladrillo sin revocar acompañan el recorrido que concluye ante una desgastada figura de la Virgen del Carmen que vigila desde lo alto el barrio que Gustavo Petro fundó hace 43 años.
La primera voz que rompe el silencio en la carrera Tercera Oeste es la de doña Elvia. Regresa a casa con un gajo de cebolla larga y dos tomates para el guiso del almuerzo, pero se olvida de su afán por cocinar en cuanto escucha el nombre del presidente que dentro de poco dejará el poder. Deja las verduras sobre un escalón, abre la puerta de madera de su casa y empieza a contar la historia del joven que —asegura— le cambió la vida.
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