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La camiseta sí se mancha: las consecuencias de la apropiación política de la tricolor
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La camiseta sí se mancha: las consecuencias de la apropiación política de la tricolor

El candidato Abelardo de la Espriella y su fórmula viceprecidencial José Manuel Restrepo. Créditos: Ana Cañón-CAMBIO

En las últimas horas la camiseta de la Selección Colombia cayó también en el beligerante espiral discursivo que le ha seguido a los resultados de la primera vuelta. Nuestro periodista Juan Francisco García analiza las consecuencias de la apropiación del símbolo como plataforma política.

Por: Juan Francisco García

Pocas horas después del resultado del preconteo electoral de la primera vuelta, que, sorpresivamente, con más de 10 millones de votos dio como ganador a Abelardo de la Espriella, el senador Iván Cepeda escribió en su cuenta de X, citando a la Federación Colombiana de Fútbol, que el uso con fines electorales de la camiseta de la Selección Colombia “es un acto claramente oportunista, cuyos efectos jurídicos se debe examinar”. Acto seguido le pidió a la entidad que dejara en claro su posición frente al uso del gran símbolo por parte del Tigre y su multitudinaria manada. 

La molestia y la petición de Cepeda debió hacer salivar a los estrategas de la campaña de Abelardo de la Espriella, pues es posible leer el trino del senador progresista como una arista –otra más– de su muy peligrosa posición de no reconocer los resultados del pasado domingo. En lenguaje popular, el reclamo de Cepeda puede explicarse aludiendo a la sangre caliente con la que, en las horas posteriores al cierre de urnas, el candidato filósofo ha participado de la inflamable e incendiada arena política

“Estafador de estafadores, fascista mafioso, abogado de narcotraficantes”, le dijo Cepeda a su opositor unas horas antes de reclamar acciones jurídicas por su deliberada estrategia de instrumentalizar la camiseta amarilla, azul y roja con fines electorales. 

Como era de esperarse, al pronunciarse, el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Ramón Jesurún, le dijo a Blu Radio que la entidad no entregó camisetas, ni autorizó o respaldó el uso de símbolos, marcas o indumentarias oficiales de la selección por parte de ninguna campaña; pero que, en tanto es una empresa privada, no puede exigirles a los ciudadanos que no se pongan la tricolor a la hora de salir a votar por su candidato de preferencia. Las camisetas, que el domingo, se vieron por millones, se venden como réplicas en todos los rincones de Colombia. 

Ciertamente, Abelardo de la Espriella no ha sido, ni será, el primer candidato en usar la camiseta de la Selección Colombia como talismán para conectar emocionalmente con el pueblo. Basta una búsqueda rápida para encontrar fotos de Alvaro Uribe Vélez, hombre muy ajeno al fútbol, usando la camiseta amarilla, sobre su camisa y corbata, cuando el ‘el equipo de todos’ caminaba por la cornisa de las eliminatorias para el Mundial de 2006 en Alemania. No fuimos. Fueron muchas veces las que Iván Duque, futbolero él sí, posó de forma ‘casual’ con la indumentaria Adidas de Colombia, que le regaló, entre otros, al papa Francisco y al presidente de Francia, Emmanuel Macron. Juan Manuel Santos, que usó a la Selección Colombia como plataforma para pedir unidad nacional cuando Pékerman era amado por todos y por todas, hizo lo propio.

Y ahí está el video de Gustavo Petro pateando, con suma torpeza, un tiro penal mientras luce la camiseta amarilla durante los días de campaña para la segunda vuelta, que lo llevó a la Presidencia hace cuatro años. En la jornada de ayer, corrieron por las redes sociales las monas del álbum mundialista de Iván Cepeda y Gustavo Petro; y ya es viral un video en el que María José Pizarro, Esmeralda Hernández, Camilo Romero y Andrés Camacho, todos del equipo progresista, les piden a sus votantes salir a votar con la camiseta de la Selección Colombia.  

A todas luces, por el doble rasero y por la imposibilidad práctica, el partido jurídico y simbólico del uso de la camiseta nacional está perdido para el candidato del Pacto Histórico. 

Pero esto no quiere decir que no sea urgente preguntarnos, como sociedad, qué dice de nosotros que el máximo símbolo patrio, ese que de forma milagrosa ha logrado resistir la exacerbada polarización y sigue, por encima de todo, siendo un símbolo de fraternidad, gozo y sufrimiento colectivo, esté siendo alienado, esto sí como nunca antes, por un candidato como el señor De la Espriella. 

Qué dice de nosotros que la camiseta que, seguramente volverá a teñir de amarillo los estadios del próximo Mundial, sea reclamada como propia por un hombre que ha llegado hasta donde está perfeccionando un discurso signado por el odio, la violencia y las amenazas. “Narcoterrorista, incapacitado, bandido”, fueron los adjetivos usados por el Tigre para referirse a Iván Cepeda durante su discurso de “celebración” por la inédita votación lograda. 

Narcoterrorista, incapacitado, bandido”, fueron los adjetivos usados por El Tigre para referirse a Iván Cepeda durante su discurso de “celebración” por la inédita votación lograda. 

¿Qué implicaciones tiene para la psique colectiva de Colombia que, por la audacia de una campaña como la de Abelardo de la Espriella, vestir la camiseta de la Selección Colombia se esté convirtiendo en una declaración de guerra en contra de quienes no apoyan sus banderas? «Hay que destripar a la izquierda» es una de las consignas patrióticas más enfáticas del abogado que hoy es favorito para convertirse en jefe de Estado. Por izquierda entiende también a los ambientalistas, a las personas de la comunidad LGTBIQ+, a los millones de jóvenes y mujeres que se manifiestan en su contra. ¿Cómo fue posible que el acto de ponerse la camiseta del equipo de Ríos, Lerma, James, Ospina, uno de los únicos refugios que nos quedan para avivar la ingenua esperanza de la infancia, implique ahora sospecha, ensimismamiento, exclusión, rabia desaforada?

¿Qué implicaciones tiene para la psique colectiva de Colombia que, por la audacia de una campaña como la de Abelardo de la Espriella, vestir la camiseta de la Selección Colombia se esté convirtiendo en una declaración de guerra en contra de quienes no apoyan sus banderas?

Lo que buscan Abelardo y sus estrategas al poner la camiseta como el corazón simbólico de su campaña y de sus discursos es asociarla con un estado de ánimo y una ideología. Esa que pregona, apoyándose en el crucifijo y en el plomo, que quienes están de la otra orilla, simple y llanamente, son enemigos. 

Lo que buscan, lo que están consiguiendo, es confeccionar a su antojo esa prenda que, inexplicablemente, ha logrado desmarcarse históricamente de los espurios e inflamados discursos políticos. 

Y que hoy, ir de amarillo, azul y rojo por las calles, veredas y pueblos de Colombia, en vez de ser una invitación tácita a sufrir colectivamente por el equipo que nos representa a todos, en vez de propiciar compartir una cerveza o un café con familiares y desconocidos, sea en cambio una expresión moralista y supuestamente patriótica que opera como frontera, límite y grito de guerra. O conmigo o contra mí. O salvador de la patria o narcoterrorista. U hombres de bien o comunistas cómplices de las guerrillas. 

sea en cambio una  expresión moralista y supuestamente patriótica que opera como límite y grito de guerra.  O conmigo o contra mí. O salvador de la patria o narcoterrorista. U hombres de bien o comunista cómplices de las guerrillas. 

¿Permitiremos que los abrazos fraternos y desarmados que propicia la camiseta de los tres colores sean eclipsados por la pulsión de destripar al que piensa distinto? ¿Mancharemos así la camiseta?

 

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