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Así pensaban cuando no eran candidatos: De la Espriella pedía matar al tirano al tiempo que defendía a su aliado
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Así pensaban cuando no eran candidatos: De la Espriella pedía matar al tirano al tiempo que defendía a su aliado

Abelardo de la Espriella en 2018. Crédito: redes sociales.

En 2018, Abelardo de la Espriella publicó un libro en el que argumentaba, desde una perspectiva filosófica, histórica y jurídica, que asesinar a Nicolás Maduro era un acto patriótico y moralmente irreprochable. Pero, al mismo tiempo, el abogado defendía a Álex Saab, el empresario venezolano considerado testaferro del régimen que él quería liquidar. CAMBIO analiza esta paradoja haciendo una radiografía de uno de los textos más controversiales del candidato que hoy está cerca de llegar a segunda vuelta.

Por: Mateo Muñoz

En julio de 2017, Abelardo de la Espriella publicó en el diario El Heraldo, de Barranquilla, una columna de opinión titulada 'Muerte al tirano'. El texto no era una metáfora ni una licencia poética. Era exactamente lo que decía: el abogado argumentaba que matar a Nicolás Maduro era necesario para la supervivencia de Venezuela y que constituía un acto patriótico y moralmente irreprochable. La controversia fue inmediata y mayúscula. Algunos lo aplaudieron por decir en voz alta lo que muchos pensaban; otros lo acusaron de instigar la comisión de un delito desde las páginas de un medio de comunicación. 

De la Espriella no se retractó. Todo lo contrario: convirtió la columna en un libro. En marzo de 2018, cuando nadie pensaba que el jurista podía llegar a la Presidencia, Abelardo publicó, con la otrora prestigiosa editorial Oveja Negra, Muerte al tirano, un ensayo de 115 páginas en el que desarrolló con aparato filosófico, histórico y jurídico la tesis que había lanzado en el periódico. 

Ese libro, que hoy circula de nuevo en las redes abelardistas mientras su autor lidera las encuestas, es una ventana para entender parte del pensamiento de quien podría gobernar Colombia a partir del 7 de agosto. Es cierto, no es un programa de gobierno ni tiene la simpleza de una columna de opinión. Es algo más ilustrativo: un texto que muestra cómo razonaba un candidato en la época en que no estaba buscando votos y los reflectores no apuntaban a sus contradicciones internas.

La tesis central: el 'tiranicidio' como virtud

El libro arranca con una cita de Thomas Jefferson que De la Espriella usa como hoja de ruta intelectual: "El árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos: es su fertilizante natural". La cita sirve como una declaración de principios que atraviesa todo el texto y define el tono de los argumentos venideros.

A lo largo de seis capítulos, De la Espriella construye una arquitectura argumentativa que combina filosofía política, algo de historia universal y análisis jurídico con una intención pedagógica. Su punto de partida es la definición de tirano: aquel que ejerce el poder de forma personalista, arbitraria y violenta, independientemente de si llegó a él por elecciones o por la fuerza. 

Para el hoy candidato presidencial, el origen del poder no determina su legitimidad. Lo que determina si un gobernante es un tirano es la forma en que ejerce ese poder: si suprime los contrapesos institucionales, si copta la justicia, si restringe las libertades fundamentales y si persigue a la oposición y la prensa. Bajo ese criterio, Nicolás Maduro era el arquetipo perfecto.

"En épocas donde la pena de muerte tiene cada vez menos acogida en los regímenes penales, la adopción de salidas que contemplen la eliminación de dirigentes de los Estados, sería retrógrada e inadmisible. Esas cartas de derechos, que se crearon para proteger a las personas, se han convertido en herramientas para afianzar las tiranías", escribió De la Espriella en 2018.

Hay que recordar que, por esa época, el entonces líder del régimen chavista estaba en el centro del repudio internacional por una acumulación de hechos escandalosos: la detención de Leopoldo López y Antonio Ledezma, la violenta represión a las protestas y la muerte del policía sublevado Óscar Pérez.

Volviendo al texto, Abelardo de la Espriella construye su argumento central apoyándose en una tradición filosófica que va de John Salisbury a Santo Tomás de Aquino, pasando por Cicerón, la Reforma protestante y los teóricos del contrato social. 

Por ejemplo, retoma una frase de Santo Tomás: "Cuando la tiranía es en exceso intolerable, algunos piensan que es virtud de fortaleza matar al tirano". Para De la Espriella, en 2017 Venezuela cumplía exactamente esas condiciones y la historia filosófica de Occidente, por lo menos la recopilada para este ensayo, lo respalda.

"La democracia en Venezuela ha muerto, como  ya murieron su economía de mercado y libre empresa y los derechos fundamentales de hombres y mujeres del hermano país. Tenemos el deber de propender por el restablecimiento de la libertad en esa patria adolorida", escribió De la Espriella en 2018.

Pero las razones filosóficas no bastan para sugerir o demandar un ‘tiranicidio’. El libro del abogado dedica un capítulo entero en retratar con detalle lo que Abelardo llama la ‘maquinaria tiránica de Maduro’: la criminalización de la protesta, la detención y tortura de líderes opositores, los colectivos chavistas, la manipulación de las instituciones electorales y judiciales.

Además, De la Espriella habla de una línea de sucesión criminal. En ese inventario menciona a Diosdado Cabello y a Tareck El Aissami, a quienes señala como integrantes de redes de corrupción y narcotráfico internacionales, y a Cilia Flores, la esposa de Maduro, como parte de la camarilla que perpetúa el régimen. Hoy, las realidades son distintas para cada uno. Maduro y ‘Cilita’ están presos en Estados Unidos. El Aissami está detenido desde 2024 en Venezuela por presunta corrupción y Cabello sigue intacto. 

Entre las líneas de reflexión filosófica también parece haber una indignación genuina. El hoy candidato habla del éxodo venezolano como una crisis humanitaria de dimensiones poco vistas en la región, describe el asesinato de Óscar Pérez como un crimen de Estado a sangre fría y sostiene que la comunidad internacional, al refugiarse detrás de los principios de no intervención y soberanía nacional, se convirtió en cómplice pasiva de la represión chavista. 

Democracia versus tiranía: un marco que trasciende a Venezuela

Más allá del caso venezolano, Muerte al tirano contiene una reflexión más amplia sobre la relación entre democracia y tiranía que resulta pertinente para leer a De la Espriella en su faceta de candidato. Uno de los capítulos más elaborados del libro sostiene que las tiranías modernas no siempre llegan por golpes de Estado clásicos. También pueden surgir desde adentro de las democracias, cuando un gobernante elegido inicia un proceso gradual de erosión institucional: manipula los mecanismos electorales, adopta medidas demagógicas que concentran el poder en el ejecutivo, restringe las libertades de expresión y asociación y construye una base popular que le garantiza impunidad.

Es una descripción que, en el contexto actual, ha sido utilizada por sectores de la oposición para criticar al gobierno de Gustavo Petro. En otras palabras, el marco conceptual que construyó Abelardo de la Espriella en 2018 pensando en Maduro le sirve hoy, casi sin modificaciones, para articular su crítica al gobierno saliente. La tesis del libro —que la democracia puede morir desde adentro, lentamente, con apariencia de legalidad — es exactamente el argumento que el candidato repite en las tarimas y entrevistas.

Por ello, a De la Espriella hay que darle la derecha en cuanto a que sus posturas sobre populismo y autoritarismo no aparecieron en la campaña. Lo viene pensando desde antes de que la Presidencia fuera una posibilidad real en su horizonte. El problema es que sus otros antecedentes, principalmente profesionales, erosionan la “extrema coherencia” de la que se jacta.

La paradoja Saab

Hasta aquí, Muerte al tirano es el retrato de un abogado penalista con convicciones democráticas sólidas y una retórica encendida contra el régimen venezolano. Lo que hace el cuadro más complejo es que en el mismo momento de la publicación del texto, Abelardo de la Espriella seguía representando a Alex Saab. Sí, la paradoja es de ese tamaño. El texto reseñado párrafos atrás fue escrito por quien en ese entonces era el apoderado de una de las figuras más oscuras del régimen chavista.

Saab es señalado por Estados Unidos como el principal operador financiero del régimen de Maduro. Según el Departamento de Justicia, el colombovenezolano diseñó y ejecutó los esquemas mediante los cuales el chavismo eludió las sanciones internacionales, lavó dinero y financió su maquinaria de poder. El caso más relevante es el supuesto desfalco al programa de alimentos conocido como CLAP.

Según ha explicado Abelardo en entrevistas y artículos en la página del movimiento Defensores de la Patria, Saab fue su cliente entre 2013 y 2019, año en que fue incluido en la Lista Clinton. Ese hecho llevó a De la Espriella a dejar de defender al supuesto empresario. De acuerdo con lo que dijo el abogado, hasta ese momento pudo comprobar los vínculos entre su cliente y el régimen de Maduro. 

Esa explicación ha sido cuestionada desde distintos frentes. Por ejemplo, Roberto Deniz, periodista de Armando.Info ha señalado que los vínculos de Saab y el régimen ya eran verificables y conocidos desde 2011. Es decir, en 2013, cuando Abelardo asumió su defensa, era relativamente sencillo para una firma de abogados saber que su cliente tenía línea directa con el Palacio de Miraflores.

Si eso no era suficiente, en 2017 la exfiscal disidente Luisa Ortega señaló públicamente a Alex Saab de ser testaferro de Nicolás Maduro. En agosto de ese año, De la Espriella anunció que iban a denunciar a Ortega por difamación.

Para 2018, año de publicación de Muerte al tirano, Armando.Info publicó el reportaje sobre el esquema de corrupción de los CLAP en el que Saab era la piedra angular. Una investigación con repercusión mundial cuyas consecuencias se siguen sintiendo hoy en día.

Justamente, la información más reciente que se conoce de ese caso apareció el pasado 24 de mayo en la columna de Daniel Coronell. Allí se reveló que el candidato presidencial Abelardo de la Espriella se benefició con giros de dos empresas que Alex Saab usó para enriquecerse a costa del desfalco al programa de alimentación venezolano.

Así, la pregunta que el caso Saab le plantea al candidato no es jurídica sino política: ¿cómo se sostiene simultáneamente la tesis de que el régimen de Maduro era una tiranía que justifica la eliminación de su líder, y la decisión de asumir la defensa del hombre que ese mismo régimen usó como instrumento financiero durante años? 

Leer Muerte al tirano hoy, con De la Espriella a un paso de la segunda vuelta, es un ejercicio que incomoda de la mejor manera posible. El texto muestra a un jurista de derecha con lecturas sólidas, convicciones democráticas que parecen genuinas y una capacidad argumentativa que va muy por encima del abogado mediático y estridente que hemos conocido en su máxima expresión durante esta campaña. 

Pero muestra, sobre todo, las contradicciones de un hombre que se ha promocionado como coherente al extremo pero que tiene demasiados cabos sueltos en su oscuro historial de clientes. Parece que al abogado y candidato no le importan mucho los principios sino los finales.
 

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