
Las mujeres en la guerra. 25 años después
Las mujeres en la guerra, sigue siendo uno de los libros más necesarios que se han escrito sobre el conflicto colombiano.
El libro ‘Las mujeres en la guerra’, de Patricia Lara, esta vez con prólogo de la escritora Laura Restrepo y el testimonio inédito de la cirujana de las FARC, regresa en una edición conmemorativa para recordar por qué sigue siendo una lectura indispensable sobre el conflicto colombiano. A partir de hoy y hasta el 10 de agosto, se puede adquirir una suscripción de CAMBIO y recibir la obra firmada por la autora.
A propósito del estreno de la versión cinematográfica de La Odisea del director Christopher Nolan, volvemos a recordar una verdad de a pulso y es que la guerra la han hecho y provocado los hombres a través de todos los tiempos. Y esa también ha sido una verdad para Colombia, un país que ha construido gran parte de su identidad por tantas guerras y conflictos que han delimitado el destino de la nación. De eso han dado cuenta historiadores, periodistas y escritores. Nuestra máxima epopeya, Cien años de soledad, es un testimonio de todas aquellas guerras libradas por los hombres.
La escritora Patricia Lara, quien se ha detenido también a narrar desde el periodismo y la literatura el conflicto colombiano, supo que este también era un asunto donde las mujeres eran protagonistas y que merecían contar desde sus orillas la versión de todos los hechos. Por eso decidió escribir ese libro que hacía falta en el relato de nuestra violencia, y en el año 2000 ganó el Premio Planeta de Periodismo con Las mujeres en la guerra, un volumen que no envejece, sino que con el tiempo adquiere nuevas capas de sentido para convertirse en un nítido y vigente retrato del país.
Veinticinco años después de su primera publicación acaba de aparecer la edición conmemorativa de este libro imprescindible del periodismo narrativo colombiano. Desde entonces ha alcanzado 26 reimpresiones, más de 100.000 ejemplares vendidos, incontables copias 'pirateadas' y se ha convertido en una obra canónica y de obligada lectura en colegios y universidades donde varias generaciones de estudiantes han encontrado una forma distinta de aproximarse al conflicto colombiano. De igual forma ha trascendido a las tablas y la reconocida actriz Carlota Llano la llevó a escena en una adaptación teatral basada en cuatro de las voces incluidas, la cual ha tenido más de trescientas funciones en el país y el exterior.
A los diez retratos iniciales, Patricia Lara incorpora en esta edición conmemorativa el testimonio de Luz Marina Giraldo, cirujana de las FARC, y añade, además, epílogos en varios de los incluidos en la primera edición en los que cuenta qué fue de la vida de estas mujeres durante más de dos décadas.
Esta nueva edición trae además un conmovedor prólogo de la escritora Laura Restrepo, autora, entre otras novelas, de Delirio, La novia oscura y La multitud errante. Allí afirma: "Las mujeres en la guerra, un libro que ya es un clásico y que cada tanto se renueva. Crónica de vidas vividas y de muertes anunciadas. Himno nacional en clave femenina. Hoy como ayer, obra imprescindible y testimonio plural, valiente y ardiente".
En la introducción del libro, a diez años de la firma del Acuerdo de Paz, la autora lanza un llamado urgente: “Las mujeres no estamos hechas para la guerra. Así lo demuestra este libro. No nos sentimos cómodas en ella,” afirma. Y agrega: “Señores de las armas: no hay razón que justifique tanto dolor… ¿No les parece suficiente el que hemos vivido? Paremos todos la guerra a cualquier precio. Miren sus frutos: véanlos retratados en el corazón de este libro… Y acuérdense: ustedes también fueron niños”.
Además del nuevo relato de Luz Marina, la cirujana de las FARC, el libro está compuesto por otras diez voces y perfiles que se entretejen como una inmensa coral sobre la violencia: una exguerrillera del ELN y del M-19, una comandante de las FARC, una dirigente paramilitar, una viuda de la Unión Patriótica, la esposa de un militar asesinado, la madre de un soldado secuestrado, una campesina desplazada, una mujer secuestrada, una madre de Soacha y una mujer cuya biografía reúne una de las paradojas más hondas del conflicto colombiano: hija de coronel, esposa de almirante y madre de guerrilleros. Ninguna representa una ideología; todas representan un sufrimiento. Juntas terminan dibujando el mapa emocional de una guerra que atravesó todos los sectores sociales del país.
Y precisamente allí reside unas de las mayores virtudes que entraña esta obra y es la renuncia deliberada de la autora a establecer juicios y culpabilidades. Ella escribe a partir de la capacidad de escuchar y de comprender que la realidad humana tiene muchísimos más matices y aristas que nos permiten observar raíces y realidades de nuestra guerra desde unas miradas más complejas. Las protagonistas hablaron durante muchas horas y reconstruyeron sus infancias, sus miedos y las formas en las que llegaron y fueron involucradas al conflicto y eso confirmó a Patricia Lara la necesidad de devolverles un rostro más humano con sus grietas y contradicciones.
Si algo demuestra Las mujeres en la guerra es que Colombia nunca tuvo una sola guerra. Hubo decenas de guerras simultáneas que se desarrollaban sobre un mismo territorio. Patricia Lara comprendió que intentar fundir todas esas experiencias en un solo relato era una tarea muy difícil. Por eso construye una especie de mosaico donde cada voz conserva su propio ritmo, su propio lenguaje y hasta su propia manera de recordar.
El primer relato desmonta desde adentro el mito romántico de la lucha armada. Dora Margarita no comienza contando su paso por el ELN ni por el M-19. Empieza recordando el hambre, la pobreza, la muerte del padre, la dignidad inmensa de una madre que sostuvo sola a sus hijos y la fascinación que ejercía sobre tantos jóvenes de los años sesenta la promesa de cambiar el mundo. Patricia Lara permite que el lector comprenda cómo una muchacha sensible, solidaria e inteligente pudo convencerse de que las armas eran una extensión natural de la justicia social. Después la misma protagonista descubre que la revolución también reproduce jerarquías, abusos de poder, silencios y violencias contra las mujeres. Dora Margarita deja de ser una exguerrillera para convertirse en el retrato de una generación entera que entregó su juventud a una utopía y despertó décadas después entre las ruinas de esa ilusión.
La segunda crónica invita al lector a mirar de frente a una comandante de las FARC. Patricia Lara no oculta su responsabilidad política ni militar, pero tampoco le niega su dimensión humana. Liliana López, alias Olga Marín, aparece como una mujer formada ideológicamente, convencida durante muchos años de la legitimidad de la lucha armada y profundamente disciplinada dentro de la organización. Sin embargo, entre las páginas asoma continuamente otra identidad que ninguna estructura militar consigue borrar: la maternidad. Esa tensión entre la comandante y la madre recorre toda la entrevista. El uniforme nunca logra ocultar completamente a la mujer que ama, que teme, que duda.
Patricia Lara decide incluir la voz de una dirigente de las Autodefensas en un mismo volumen junto a mujeres de la guerrilla y víctimas de distintos actores armados, lo cual amplifica las miradas que propone el libro. Isabel Bolaños, conocida como 'la Chave', aparece como una mujer que terminó integrando el universo paramilitar, pero cuya historia personal también está marcada por carencias, búsquedas y manipulaciones ideológicas. Su relato demuestra que el paramilitarismo no fue únicamente una estructura militar sino también un espacio donde muchas mujeres intentaron encontrar protección, reconocimiento o pertenencia.
El asesinato de líderes de la Unión Patriótica dejó miles de historias truncadas, pero la autora decide concentrarse en una de las consecuencias menos visibles de ese exterminio: la vida de quienes quedaron vivos. María Eugenia de Antequera no representa únicamente el duelo sino la obligación de reconstruir una existencia. Su testimonio habla del miedo cotidiano, del exilio interior y de la dificultad de criar hijos bajo la sombra permanente del asesinato.
Después llega la historia de Maxelén Boada. Durante mucho tiempo las víctimas militares parecían no tener espacio dentro de ciertos relatos sobre la violencia. Acá se nos invita a los lectores a comprender que el sufrimiento tampoco reconoce uniformes. La viuda del teniente asesinado descubre que la muerte transforma igualmente a las familias de los soldados. La espera, el miedo, la incertidumbre y la soledad pertenecen al mismo idioma del dolor que hablan las demás protagonistas.
Pocas experiencias condensan mejor la crueldad del conflicto colombiano que el secuestro prolongado. Sin embargo, Patricia desplaza nuevamente el foco. No entrevista únicamente al secuestrado sino a quien permaneció años imaginándolo vivo o muerto. Myriam de Roa convierte la espera en una forma de existencia. Cada día transcurre suspendido entre la esperanza y la resignación. Su historia recuerda que el secuestro nunca encerró solamente a una persona, sino que encarceló familias enteras.
El perfil de Juana Sánchez representa a millones de campesinos obligados a abandonar la tierra donde habían construido su identidad. Su testimonio no habla únicamente de perder una casa. Nos recuerda también lo que significa perder un paisaje, una comunidad y una forma de nombrar el mundo. La autora convierte el desplazamiento en una experiencia existencial y allí la patria deja de ser un concepto político para convertirse en un olor, una quebrada, un árbol, una cocina.
Con los testimonios de Gloria y 'la Nena', se revela al lector el drama del secuestro contado desde dos orillas. Allí se enfrentan dos voces inseparables: la de una mujer secuestrada y la de su madre. El secuestro aparece entonces como una tragedia simultánea que se desarrolla en dos escenarios distintos. Mientras una intenta sobrevivir al cautiverio, la otra aprende a sobrevivir a la incertidumbre. Acá se demuestra una extraordinaria sensibilidad al construir un diálogo emocional que se mira como un espejo enfrentado a una cruda realidad.
La voz de Luz Marina Bernal trae otro capítulo del conflicto que ha abierto grandes heridas en nuestra historia. Los 'falsos positivos' repiten la misma lógica de deshumanización que atraviesa todas las historias anteriores. Luz Marina deja de ser únicamente una madre que perdió un hijo para convertirse en una conciencia moral del país.
De igual forma, la voz de Luz Marina Giraldo aporta a esta edición conmemorativa la dimensión de quienes llegaron a la guerra siendo apenas niños. Su historia comienza mucho antes de las FARC, la medicina o la militancia; comienza con una masacre que asesinó a su padre cuando tenía seis años, con el abandono, el maltrato y el intento de abuso que la empujaron a buscar refugio en la guerrilla siendo apenas una niña. Allí encontró, paradójicamente, no un fusil sino un bisturí y se convirtió en cirujana de guerra y pasó años salvando vidas en medio de los combates.
Y la última historia es la de la hija de un coronel, esposa de un almirante y madre de varios guerrilleros. Margot Leongómez de Pizarro encarna la imposibilidad de dividir Colombia en dos bandos perfectamente definidos. Su familia contiene el mapa completo del conflicto. En ella convergen Ejército y guerrilla, autoridad y rebeldía, disciplina y revolución. El lector comprende que esa biografía resume con sensibilidad y lucidez la fractura de la sociedad colombiana.
Patricia Lara, con su buena intuición de narradora, puso a dialogar diferentes voces de esa guerra que vivimos hace tantas décadas. Comprendió que la guerra de nuestro país tampoco podía seguir contándose únicamente desde quienes la dirigían. Había que desplazar la cámara hacia quienes la padecían, la sostenían, la esperaban o intentaban sobrevivir a ella y así pudo reunir en esa coral de nuestra tragedia voces que jamás hubieran podido convivir dentro de un mismo libro.
Quizá por eso, 25 años después de su publicación, Las mujeres en la guerra sigue siendo uno de los libros más necesarios que se han escrito sobre el conflicto colombiano. No porque pretenda explicar la guerra, sino porque decide cambiar el lugar desde donde se observa.
Quizá por eso el gran hallazgo de Las mujeres en la guerra consiste en recordarnos que Penélope nunca fue únicamente la mujer que esperaba. Mientras Ulises navegaba hacia Troya, y luego de regreso a Ítaca, ella libraba otra batalla: la del miedo, la incertidumbre, la ausencia y la obstinación de sostener la vida cuando todo parecía derrumbarse. Las mujeres que nos trae Patricia Lara en este libro también emprenden ese viaje de ida y regreso. Y es allí donde estas 11 mujeres nos enseñan no solo sobre la guerra sino, sobre todo, sobre la paz. Ese es el viaje al que nos invita la autora como lo ha hecho con otros libros como Siembra vientos y recogerás tempestades, Adiós a la guerra o La espada de Bolívar y novelas como Amor enemigo: es un viaje de ida y vuelta hacia la paz.
Y mientras Colombia siga necesitando aprender esa lección, Las mujeres en la guerra continuará siendo mucho más que un extraordinario libro. Seguirá siendo un acto de memoria, un ejercicio de compasión y una de las obras más hondas que se han escrito para comprender el alma herida y cada una de las cicatrices de este país que vienen desde todos sus puntos cardinales.
A partir de hoy y hasta el 10 de agosto, adquiera una suscripción de CAMBIO por tan solo 119.000 pesos y reciba el icónico libro firmado por la autora. Una oportunidad única para sumar a su biblioteca un libro fundamental del periodismo colombiano.

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