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El expediente Zapatero: cuando la mediación se vuelve deuda
El gobierno de Zapatero es el único que durante sus ocho años de ejercicio (2004-2011) nunca tuvo un escándalo de corrupción. Su personalidad no encaja con la de un comerciante con favores del poder. Foto: Colprensa
Internacional

El expediente Zapatero: cuando la mediación se vuelve deuda

El expediente por supuesto tráfico de influencias contra el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero lleva veinte años en construcción. ¿Es una acción natural de la justicia? ¿Es una operación política? Análisis de Ramón Jimeno

Por: Ramón Jimeno

Las derechas española y norteamericana empezaron a elaborar el expediente contra Zapatero en 2004, cuando el nuevo presidente socialista dio la orden de retirar las tropas de Irak, pocas horas después de su investidura. Washington lo tildó de traidor en la guerra contra el terrorismo. El expediente creció con el proceso de desmovilización de la ETA. La derecha consideró que era equivocado negociar con criminales. Zapatero consideró que al eliminar un factor de violencia ganaba la sociedad. Luego se nutrió el expediente con una visita a Cuba y varias a Caracas desde 2014. Había sido invitado a ser mediador entre gobierno y oposición. Un papel que la derecha quería que jugara para beneficiar a los opositores de Maduro. Ya lo tenían entre cejas, cuando Zapatero se sumó en 2022 a la fundación de Gate Center que promueve el multilateralismo y las relaciones tranquilas con China. La imputación que acaba de formularle la Audiencia española es el resumen de ese expediente acumulado durante dos décadas, que sirve para arrinconar al gobierno de Pedro Sánchez que tanto incomoda a la derecha trumpiana y a la española, desesperada por recuperar el poder.

Gobernar con una mirada multipolar

Zapatero llegó al poder en abril de 2004 con una política exterior contraria a la de José María Aznar que llevó a España a la guerra de Irak, pese a la oposición masiva de la ciudadanía. Zapatero retiró las tropas en cuestión de semanas. El gesto lo leyó Washington como una traición a su guerra global contra el terrorismo. Zapatero no se arrepintió. Al contrario, reforzó su posición al reivindicar su gesto de octubre de 2003 —aún como candidato— cuando permaneció sentado el Día de la Hispanidad mientras la bandera estadounidense desfilaba.

Cuba añadió otra capa al expediente. Zapatero impulsó en la Unión Europea el levantamiento de la “posición común” hacia la isla, que subordinaba la cooperación con Cuba a avances en derechos humanos. Lo logró en junio de 2008. En febrero de 2015, —como expresidente— Zapatero viajó a la isla con su excanciller Moratinos y se reunió con Raúl Castro. Despertó la rabia de la oposición asentada en Miami. Y el gobierno del PP lo acusó de “extraordinaria deslealtad”. Zapatero defendió el viaje con un argumento revelador: Cuba colaboró para lograr las negociaciones que llevaron a la desaparición de ETA. Zapatero reconocía así lo que significa contar con un activo diplomático cuando se tiene la misión de mediar para resolver conflictos.

Lo imperdonable: acabar con ETA

El fin de ETA por la vía del diálogo es el que más dolor genera en el expediente. En marzo de 2006, ETA anunció una tregua permanente. El gobierno de Zapatero abrió negociaciones con la ayuda de Cuba y Noruega y el Congreso aprobó el inicio formal del diálogo. El proceso estuvo a punto de fracasar por un atentado en el aeropuerto de Barajas, pero Zapatero siguió adelante. La derecha consideró que Zapatero le dio oxígeno político a una banda criminal que estaba contra las cuerdas. Lo cierto es que gracias a ese proceso ETA suspendió su actividad armada en 2011, bajo el gobierno Zapatero.  La derecha no perdona que Zapatero desactivara esa organización por la vía política. La fractura con la derecha nunca se soldó. Es lo que más pesa en el expediente contra Zapatero, que la derecha incrustada en el aparataje judicial español, necesitaba cobrar.

El hombre que habla con quien no se debe hablar

Zapatero se convirtió en ese expediente en el hombre que habla con quien no se debe hablar, el que legitima a quien no merece legitimación.  Desde 2014, Zapatero se convirtió en mediador internacional más visible con el régimen chavista. Comenzó como una tarea de UNASUR para abrir un diálogo entre Gobierno en medio de las protestas ciudadana tras la muerte de Chávez y la caída del precio del petróleo. Se dio un diálogo con la oposición en Santo Domingo que se rompió. Entre 2016-2018 la oposición venezolana quiso derrocar a Maduro por decreto, desconociendo el poder interno del chavismo, lo que obligaba a una negociación que Zapatero podía facilitar.  El poder del chavismo de esa época era mayor aun al que Trump reconoce en 2026 al dejar a la segunda de Maduro, Delcy Rodríguez, gobernando. Pero en aquel momento la diplomacia hemisférica encabezada por el ex secretario de la OEA, Luis Almagro, y los gobiernos de Biden y Trump, querían un mediador que sacara a Maduro del poder. Como este no se dejó, se fueron contra Zapatero acusándolo de ser funcional al régimen venezolano. Este capítulo en el expediente también pesa.

Otra amistad incómoda para el Norte

Cada nueva acción que abría Zapatero en sus intervenciones internacionales como facilitador, hacía subir de volumen de sus acciones anteriores ante la derecha intransigente. La dimensión china, que es quizás la menos visible, es otra que molesta mucho en Washington. En abril de 2022, Zapatero cofundó y asumió la presidencia del Consejo Asesor de Gate Center, un think tank con sede en Madrid que promueve el acercamiento con China. En 2023, Zapatero se reunió en Pekín con el presidente del Instituto Popular Chino de Asuntos Exteriores (CPIFA), Wang Chao; en septiembre visitó una feria de industria tecnológica que presentaba a China como potencia fiable en sectores estratégicos —inteligencia artificial, vehículos autónomos, biomedicina— que fue mal vista en Bruselas y Washington. China “tiene un modelo propio que no pretende imponérselo a nadie” era el argumento que divulgaba Zapatero.

El octogenario senador republicano presidente del Comité de Relaciones Exteriores, Jim Risch, durante la confirmación del embajador estadounidense en Madrid (octubre de 2025) dictó su concepto en público poniendo a Zapatero entre los adversarios geopolíticos de Washington: “Zapatero es Venezuela y es China. Zapatero es Maduro y es Xi Jinping. Washington lo tiene registrado.” Risch es un senador de primera fila con gran influencia en el Departamento de Estado que dirige Marco Rubio. Zapatero se convirtió para ellos en una pieza fundamental en el engranaje China-Rusia-Venezuela. Trump bloqueó cualquier participación de Zapatero en los procesos de negociación con Venezuela. Y al Departamento de Justicia y la DEA llegaron en septiembre de 2025 solicitudes de grupos de la extrema derecha española para abrir investigaciones sobre una posible implicación del expresidente español en operaciones de blanqueo político y financiero relacionadas con Venezuela. El expediente aumentaba.

La rabia con rabia se cura

El uso del caso de Alex Saab ilustra la naturaleza del expediente. Saab fue acusado por Washington de ser un operador financiero de Maduro. Lo detuvieron en junio de 2020 en Cabo Verde, lo extraditaron a Estados Unidos en octubre de 2022, en diciembre de 2023 Biden le concedió un perdón presidencial a cambio de la liberación de diez ciudadanos estadounidenses y diecinueve presos políticos venezolanos. La negociación se hizo en Dubái. Por Venezuela la encabezó el hermano de Delcy, Jorge Rodríguez. Saab fue recibido por Maduro y los Rodríguez como un héroe en Caracas. No hay registros de participación de Zapatero en este episodio.

Tras la captura del gobierno venezolano, Saab pasó de poderoso ministro a ser detenido y deportado por los mismos Jorge y Delcy que lo recibieron. En Estados Unidos, enfrenta nuevos cargos por el desvío de millones de dólares del gobierno de Venezuela. En el expediente español insinúan que en los negocios de Saab pudo haber algún tipo de ayuda del expresidente sin que presenten ningún indicio. La asociación sirve si las autoridades norteamericanas logran que Saab dé testimonios que comprometan al líder socialista a cambio de reducciones de pena. Habría que ver si se aceptan o no esas seudo "pruebas" típicas de la justicia estadounidense para comprometer a terceros en la jurisdicción española.

El Non Plus Ultra

A raíz de la pandemia del COVID 19, la Unión Europea estableció un fondo para rescatar empresas. Las aerolíneas, sin vuelos ni pasajeros estaban a punto de quebrar. Varias empresas aplicaron a créditos por cerca de 1100 millones de euros, préstamos diseñados para evitar una crisis en el sector clave de la economía española, el turismo. Era estratégico salvarlas. Air Europa, 475 millones; Air Nostrum, 111 millones; Volotea, 200 millones; Avoris, 320 millones; Wamos Air, 85 y Plus Ultra, 53 millones. Algunas pagaron el préstamo, otras lo están pagando. Plus Ultra, que tiene socios venezolanos, ha pagado intereses por 12 millones y está renegociando al igual que Volotea con sus 200 millones los plazos de pago del capital. Todas clasificaron para obtener los recursos de acuerdo con los términos establecidos.

La mano que pone las gotas de sospecha de comisiones indebidas es la norteamericana. Le entregaron conversaciones y chats que interceptaron a las autoridades españolas, en la que los socios de la aerolínea hablan (en 2021) de “pedir ayuda a Zapatero” para acceder al fondo especial. Zapatero informó en el Senado, de su país, marzo de 2026, que cobró cerca de 500.000 euros por labores de asesoría durante esos años. La asesoría es del tipo que prestan los expresidentes por su conocimiento y sus contactos, sin que esta tarea se confunda con tráfico de influencias.

En el expediente acusatorio se formula la hipótesis de que se hubiera usado su influencia para una decisión administrativa que benefició a quienes le pagaron unos honorarios. La otra hipótesis que maneja el expediente es que parte del dinero del rescate público habría podido ser usado para devolver préstamos ficticios o para limpiar fondos de origen chavista. Ninguno de los dos está mínimamente documentado en los cargos divulgados por el juez.

La intención de confundir los honorarios con una comisión si abrió una profunda herida en el corazón de la militancia del PSOE, en el gobierno de Pedro Sánchez y en el progresismo internacional que respeta, confía y conoce a Zapatero como uno de los pocos lideres de alcance global con una visión multipolar. La derecha parece haber triunfado con su expediente porque cree que ahora ante la opinión pública el PSOE se parece al PP en cuanto a corrupción se refiere.

El Jaque

El expediente tiene un destino que supera a Zapatero: tumbar el gobierno de Pedro Sánchez. Aquí se configuran los elementos del expediente citados antes. Pedro Sánchez gobierna gracias a un pacto de investidura firmado el 9 de noviembre de 2023 con el partido independentista catalán Junts per Catalunya de Carles Puigdemont, quien pasó siete años huyendo de la justicia española por su papel en el intento de secesión de octubre de 2017. Posteriormente hubo una ley de amnistía para los implicados, aprobada el 30 de mayo de 2024. Para la derecha española que un gobierno surja y se consolide gracias a negociaciones con separatistas prófugos de la justicia, refuerza la narrativa de un ejecutivo que subordina el Estado de derecho a sus necesidades de supervivencia. 

Entonces no sólo les duele que Zapatero haya logrado desmovilizar a ETA por la vía del diálogo, sino que surja un gobierno del PSOE gracias a la coalición con el partido de Puigdemont. Les duele que fueran capaces de bajar la tensión con este movimiento y que como consecuencia, por primera vez en muchos años, gobierne el PSOE en esa región.

El precio de ser mediador

El gobierno de Zapatero es el único que durante sus ocho años de ejercicio (2004-2011) nunca tuvo un escándalo de corrupción. Su personalidad no encaja con la de un comerciante con favores del poder. Sus problemas con la derecha se derivan de su influencia. Un líder que cree y practica el diálogo como método para resolver problemas y desentrabar conflictos. Un dirigente que cree que es mejor estar cerca de China que inventándola como enemigo. Un estadista que cree que las guerras de Washington no le convienen a la humanidad, que lo dice públicamente en todos los micrófonos, es una amenaza para quienes quieren imponer la visión trumpiana de la historia. En este round el gran golpe es para el PSOE y el gobierno de Pedro Sánchez, del que Zapatero es un bastión.

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