
Iván Cepeda camina hacia la segunda vuelta a la defensiva, aferrado a la tesis del fraude electoral
Durante meses, el candidato del Pacto Histórico actuó como si la Casa de Nariño estuviera a la vuelta de la esquina. Sin embargo, los resultados del 31 de mayo obligan a Cepeda a reaccionar al rugido de ‘El Tigre’ en las urnas, en medio de una nueva narrativa impulsada por el presidente Gustavo Petro sobre un supuesto fraude electoral.
Por: Jonathan Beltrán
En cada acto de la campaña presidencial de Iván Cepeda se presentaba un momento predecible: tomaba el micrófono, levantaba su mano izquierda y la multitud completaba la frase antes de que terminara de pronunciarla: “¡Ganaremos en primera!”. El coro retumbaba entre banderas, tambores y teléfonos en alto, como si la elección ya estuviera resuelta.
La frontera entre el deseo y la realidad se fue borrando poco a poco dentro de la campaña del candidato del Pacto Histórico. Durante meses, dirigentes y militantes hablaron de la segunda vuelta como una hipótesis remota y de la Casa de Nariño como un destino inevitable. Sin embargo, cuando avanzó el escrutinio y los boletines comenzaron a iluminar la noche electoral, la euforia inicial dio paso a la preocupación.
Tras el golpe en las urnas, la campaña de Cepeda empezó a modificar su relato. El desconcierto inicial dio paso a una interpretación más áspera del resultado, en la que empezó a instalarse la idea promovida por el presidente Gustavo Petro de un posible fraude electoral, una narrativa peligrosa que se abre paso en la recta final hacia la segunda vuelta.

Cepeda se quedó a más de dos millones de votos de una eventual victoria en primera vuelta que durante meses dio por descontada. Tampoco logró cruzar la meta como el candidato más votado. Abelardo de la Espriella lo superó por cerca de 665.000 sufragios y le arrebató al senador el relato que durante buena parte de la campaña había acompañado su discurso de continuidad del Gobierno de Gustavo Petro.
El mapa que dejaron los resultados tampoco fue una buena noticia para el Pacto Histórico: volvió a dominar el Pacífico y buena parte del Caribe, pero el centro del país se tiñó de los colores de De la Espriella. Ahora, Cepeda tendrá que remar contra una corriente que ya no lo empuja hacia la Casa de Nariño y lo obliga a buscar con urgencia aliados clave durante las próximas tres semanas.
Triunfalismo y puertas cerradas: la estrategia que hoy le pasa factura a Iván Cepeda
Desde que se impuso a Carolina Corcho en la consulta interna del 26 de octubre, la campaña de Iván Cepeda se construyó alrededor del círculo más cercano al Pacto Histórico. La apuesta buscaba evitar una coalición demasiado amplia y heterogénea, como la que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia y que después provocó más de un dolor de cabeza en el primer Gobierno de izquierda.

En el intento por blindar el proyecto político, la campaña también levantó barreras que terminaron alejando a sectores que hoy resultan indispensables para ganar una segunda vuelta. Incluso dirigentes que terminaron respaldando a Cepeda, como Juan Fernando Cristo y Luis Gilberto Murillo, se encontraron con espacios muy limitados para participar en la toma de decisiones.
El centro nunca terminó de sentirse cómodo en la campaña del senador de izquierda. Aunque recibió respaldos importantes de ese sector, el candidato mantuvo el mismo libreto y evitó mover las líneas de su proyecto para atraer nuevos aliados. Una decisión que pasó inadvertida mientras las encuestas lo ubicaban liderando con amplia ventaja, pero que ahora amenaza con dejarlo sin el capital electoral que necesita para remontar en segunda vuelta.
La misma lógica se reflejó en los debates. El candidato del Pacto Histórico evitó los encuentros con candidatos y apostó por una estrategia que evocaba la de Álvaro Uribe en 2006, el único presidente que llegó a la Casa de Nariño sin debatir. La apuesta parecía razonable mientras lideraba la carrera. Pero cada silla vacía que dejó en un escenario fue ocupada por rivales que encontraron allí una oportunidad para crecer y disputar un liderazgo que el petrismo creía consolidado.
La falta de apertura también tuvo consecuencias electorales concretas. Durante meses, Cepeda convivió con candidaturas como las de Carlos Caicedo y Luis Gilberto Murillo, dos dirigentes cercanos al progresismo que terminaron adhiriéndose a su campaña apenas en la recta final. Para entonces ya era demasiado tarde: sus nombres permanecieron en el tarjetón y sus votos se dispersaron.
Las líneas rojas que dificultan el aterrizaje del centro en la campaña de Cepeda
La propuesta de una Asamblea Constituyente se ha convertido en una de las principales líneas de fractura con el centro político. Antes de formalizar su adhesión a la campaña de Cepeda, la Alianza Verde solicitó dejar en pausa esa iniciativa como condición para consolidar un respaldo más amplio. Sin embargo, el candidato del Pacto Histórico mantuvo la idea en su discurso y, en varios actos de campaña, incluso se promovió la recolección de firmas para impulsarla.

En una reciente entrevista con CAMBIO, Claudia López aseguró que nunca votaría por De la Espriella y que siempre se inclinaría por sentarse en la silla de la izquierda. Tras la jornada electoral, calificó a Cepeda como un hombre decente, pero le pidió asumir con mayor intensidad las riendas de su candidatura, participar en debates y defender su visión de país frente al candidato de extrema derecha.
Sergio Fajardo, por su parte, ha mantenido una distancia aún más marcada. El exgobernador ha señalado que Cepeda no representaría un buen gobierno y ha cuestionado varios de los ejes centrales de su propuesta programática. Ante ese escenario, el reto del candidato del Pacto Histórico es también desmontar resistencias profundas dentro de un centro político que aún no termina de ver en él una opción de consenso.

A ese panorama se suma otro factor que empieza a generar ruido en los sectores de centro: el discurso de posible fraude electoral. Desde la campaña de Claudia López explicaron a CAMBIO que ese tono de desconfianza institucional podría terminar alejando a votantes indecisos o huérfanos que buscan certezas en plena recta final de la campaña.
Iván Cepeda tiene ahora 20 días para intentar corregir una estrategia que, durante los últimos siete meses, se apoyó en la idea de una victoria inminente, subestimó el peso de la disputa en redes sociales y asumió que la popularidad de Gustavo Petro bastaba para convertirse en el huésped principal de la Casa de Nariño por los próximos cuatro años.
Las cuentas de una remontada cuesta arriba para Iván Cepeda
Las cifras no son alentadoras para el candidato del Pacto Histórico. Paloma Valencia ya anunció su respaldo a De la Espriella, una adhesión que, sobre el papel, elevaría el caudal electoral de ‘El Tigre’ a cerca de 12 millones de votos. Sin embargo, la segunda vuelta está lejos de resumirse en una suma aritmética y el propio Juan Daniel Oviedo se desmarcó ya de la postura de la senadora del Centro Democrático.

Los votos de Luis Gilberto Murillo, Carlos Caicedo y Roy Barreras apenas sumarían alrededor de 40.000 sufragios adicionales en una eventual segunda vuelta, una cifra insuficiente para recortar distancias significativas. En ese escenario, el verdadero reto de Cepeda es conquistar a los votantes de Sergio Fajardo y Claudia López, que juntos sumaron en la jornada del 31 de mayo cerca de 1.234.000 votos.
Sumando incluso los sufragios de Mauricio Lizcano, quien ha sido crítico del Gobierno de Gustavo Petro tras su paso por el MinTIC, el escenario más optimista con las cuentas actuales llevaría a Cepeda a rozar los 11 millones de votos. Sin embargo, incluso bajo esa lectura, el candidato del Pacto Histórico quedaría a un millón de sufragios del bloque que hoy conforman De la Espriella y Valencia.

El propio Barreras, tras anunciar su apoyo formal al senador de izquierda, ha sostenido que en el centro político hay cerca de tres millones de electores que difícilmente respaldarían a De la Espriella. Bajo esa mirada, el embajador insistió en que el progresismo tiene 20 días para salir a disputar ese electorado y evitar que la ventaja de su rival se consolide aún más.
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