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Iván Cepeda, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella
Elecciones Colombia 2026

Sin debates y con IA: la recta final de una elección incendiaria

Paloma Valencia, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, candidatos a la presidencia. Fotos: CAMBIO - Colprensa

Desde John Kennedy y Richard Nixon hasta ÁlvaroUribe en 2006, los debates presidenciales marcaron la historia política moderna. Pero en esta campaña colombiana ocurrió algo inédito: los candidatos abandonaron la televisión y trasladaron la batalla a las plazas públicas, las redes sociales y los algoritmos de la inteligencia artificial, en una recta final frenética donde un error viral puede costar más que una mala noche frente a las cámaras.

Por: Armando Neira

Se vienen diez días frenéticos. Descartados los debates presidenciales en televisión, los aspirantes concentrarán todos sus esfuerzos en dos escenarios tan distintos como complementarios: la plaza pública y el ciberespacio.

Para este fin de semana están previstos los cierres de campaña, en los que los candidatos trabajan para movilizar el mayor número de seguidores con la intención de mostrar músculo e inclinar la balanza de los indecisos que, según las encuestas, superan el 20 por ciento de los votantes que aún no se han decantado por ninguna opción.

Iván Cepeda y su fórmula a la Vicepresidencia, Aida Quilcué, la llave del Pacto Histórico, cerrarán su campaña este viernes en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Por su parte, Abelardo de la Espriella, candidato del movimiento ciudadano Firmes por la Patria, tendrá con su fórmula a la Vicepresidencia, José Manuel Restrepo, un doble cierre: este sábado en Barranquilla y el domingo en Medellín.

Paloma Valencia, la candidata del Centro Democrático y de la coalición de centroderecha, estará con su fórmula a la Vicepresidencia, Juan Daniel Oviedo, el domingo a las once de la mañana en el Movistar Arena de Bogotá.
Desde el lunes, los aspirantes podrán realizar eventos, pero únicamente en recintos cerrados. Sin embargo, eso no significa que vayan a acuartelarse. Por el contrario, como ha venido ocurriendo en estos tiempos, la confrontación se librará en las redes sociales.

La IA, la nueva arma digital

Lo que se ha visto hasta ahora es inédito, porque en la contienda entró un actor tan fascinante como intimidante: la inteligencia artificial. En este nuevo escenario –con videos tan bien hechos que es difícil saber si es real o creado–, a muchos se les pasó por alto que ya la campaña transcurrió sin debates presidenciales en televisión.

Se trata de un hecho que no se registraba desde hace 20 años, cuando Álvaro Uribe, en su camino hacia la reelección, se negó a asistir a los distintos debates de la campaña para las elecciones de 2006. Sus contrincantes –Horacio Serpa, Antanas Mockus, Enrique Parejo y Carlos Gaviria– se unieron para criticarlo por su ausencia, pero él ni se inmutó.

Además de encabezar todas las encuestas, tenía a su favor el poder que le brindaba ser jefe de Estado, con todo el aparato de gobierno puesto al servicio de su objetivo. Al final lo logró y ganó en primera vuelta con más del 62 por ciento de los votos.
Se quebró así una tradición que se había iniciado en febrero de 1986, cuando se realizó el primer debate presidencial televisivo en Colombia, celebrado en el Hotel Tequendama de Bogotá entre los candidatos Luis Carlos Galán y Álvaro Gómez Hurtado.

En esta ocasión, es Cepeda quien se ha negado a participar en debates y quien, al igual que Uribe entonces, puntea en todas las encuestas de intención de voto. Y más aún: todos sus rivales lo acusan de que el presidente Gustavo Petro, desde la Casa de Nariño, tiene todo volcado para que el proyecto progresista continúe.

Cepeda, un candidato argumentativo, pedagógico y difícil de sacar de sus casillas, se negó con el argumento de evitar lo que él llama una “encerrona”, no solo por parte de sus rivales –en este caso, el ultraderechista De la Espriella y la candidata de centroderecha Paloma–, sino incluso por parte del moderador. “Debe haber un escenario y garantías de imparcialidad, porque no quisiera terminar debatiendo no con los candidatos, sino con el moderador”, se justificó en su momento.

Abelardo de la Espriella propuestas en salud
Aunque De la Espriella es de más seguidores en Instagram, Cepeda lo supera en búsquedas en Google.

El circo y los papelitos

De la Espriella aseguró que solo estaba dispuesto a debatir con los rivales que encabezan las encuestas. “Aquí la cosa es entre el heredero de las Farc y del régimen, que es el señor Cepeda; la doctora Paloma Valencia; el doctor Fajardo y quien les habla. De ahí para abajo no tiene sentido. ¿Por qué vamos a desgastarnos de esa manera?”, afirmó. Y añadió que si se llevan a la docena de candidatos, será un “circo”.

Paloma, por su parte, se mostró dispuesta. “Ahora, si Cepeda necesita las preguntas para poder llevar el papelito, pues que lo lleve”, en referencia a su costumbre de leer los discursos. 

Y así se fueron estas últimas semanas. A estas alturas, ninguno quiere cometer un error. Nadie puede afirmar con certeza, cifras en mano, quién reemplazará al presidente Petro a partir del 7 de agosto de 2026.

Así las cosas, la campaña se librará desde las trincheras digitales. El influenciador Santiago Giraldo es uno de los jóvenes que más eficazmente mueve las redes sociales a favor de De la Espriella, junto a Alejandro Bermeo, ibaguereño, también creador de contenido y quien acaba de convertirse en senador por el movimiento Salvación Nacional.

“Vamos a recuperar a Colombia. Llegó el momento de la extrema coherencia y la Salvación Nacional: no más tibios, no más vendidos, no más cobardes. Es ahora o nunca”, proclama Bermeo.

La nueva derecha digital

Se trata de una generación que se identifica como la “nueva derecha” digital, una corriente que se mueve con fuerza en redes sociales, que promueve ideas libertarias en lo económico y conservadoras en lo social, y que, para sorpresa de muchos, llega al extremo de calificar al propio Uribe como “tibio”. No vacilan en atacar al expresidente de la seguridad democrática y consideran que el único capaz de salvar al país de la debacle es el Tigre.

Desde la otra orilla tampoco se quedan atrás. Levy Rincón les escribe a sus 732.000 seguidores: “Espero que este pequeño Napoleón corroncho no salga huyendo para Italia cuando se queme en las elecciones y tenga que responder ante la justicia colombiana y la de Estados Unidos por sus constantes relaciones con criminales que se dedican al lavado de activos. Me huele a extradición”. Sus mensajes son replicados por un ejército de seguidores que fue muy eficaz en la elección del presidente Petro y que ahora apoya a Cepeda.

Además de contar con estos seguidores que no tienen ningún pudor en mentir e insultar abiertamente a sus contrincantes, los candidatos saben que el poder ahora reside en las redes sociales y que se prevé será muy activo hasta el domingo 31 de mayo.
Por eso, cada uno mantiene su canal de comunicación abierto las 24 horas. Según el consolidado de varios análisis, Paloma lidera en Facebook y X, y es además la candidata que más invierte en pauta digital, con más de 228 millones de pesos en el mes analizado. 

De la Espriella domina en Instagram, donde supera a Cepeda y a Valencia en número de seguidores. Cepeda, en cambio, encabeza las búsquedas en Google, lo que refleja un mayor interés informativo sobre su candidatura.

La cuenta de Cepeda en Instagram (@ivancepedacastr) ha sostenido un crecimiento constante desde principios de mayo, cuando registraba alrededor de 501.000 seguidores. En las últimas horas, Paloma se convirtió en la candidata más buscada en Google Trends, superando a De la Espriella y a Cepeda, y lidera en 17 de los 32 departamentos del país.

Así pues, en esta primera vuelta no hubo debates. No existe una regla escrita que diga que quien gana un debate también gana las elecciones, pero sí hay una certeza: a un candidato que sale mal librado en un debate puede costarle la elección. Es un formato tan apasionante como polémico, y la discusión de fondo es si hoy está en desuso.

La fascinante historia de los debates

Es difícil entender la historia de las confrontaciones políticas sin los debates, que han dejado páginas memorables tanto aquí como en el exterior. Le ocurrió a Óscar Iván Zuluaga frente a Juan Manuel Santos en el debate de CityTV y La W, en 2014, cuando perdió los estribos y le dijo: “Yo a usted no lo respeto”. Santos le respondió con sobriedad: “Cálmese un poco, sea más tranquilo en el debate y verá cómo los colombianos lo apreciarán mucho mejor. Deje la agresividad. Yo prefería al Óscar Iván versión uno y no a este Óscar Iván versión dos, tan agresivo”.

Para completar el cuadro, el segmento terminó y entraron los comerciales. La primera cuña fue la de una mujer iracunda que expresaba su descontento político contra el mandatario en una pieza tan subida de tono que de inmediato fue bautizada como 'La loca de las naranjas'. Esa noche, muchos colombianos se fueron a dormir inquietos, preguntándose qué ocurriría si Zuluaga llegaba a la Presidencia: un aspirante a ponerse la banda presidencial que afirmaba abiertamente no respetar ni siquiera al primer mandatario. ¿Qué les podría esperar a los demás?

En el ámbito internacional, el primero de los debates que forman parte de la historia política moderna fue el que enfrentó al demócrata John F. Kennedy y al republicano Richard Nixon, celebrado el 26 de septiembre de 1960. Más allá del contenido político, lo que marcó un antes y un después fue el peso de la imagen en la televisión, un medio revolucionario con una enorme capacidad de penetración. Hasta entonces, la política se jugaba sobre todo en los discursos, la prensa escrita y la radio.
Ninguno de los dos candidatos quiso maquillarse, por temor a las críticas. Ambos apelaban a la virilidad y la juventud –Nixon tenía 47 años y Kennedy, 43– para sentirse ganadores. Sin embargo, Nixon se confió demasiado y desatendió el consejo de sus asesores, quienes le pedían descansar. Kennedy, en cambio, sí lo hizo y comprendió mejor ese nuevo lenguaje televisivo.
Kennedy llegó bronceado, seguro, mirando directamente a la cámara y conectando con la audiencia. Nixon, por el contrario, apareció pálido, sudoroso, con signos de fatiga y más enfocado en su oponente que en el público. Cuando encendieron las cámaras, empezó a sentir calor y, para evitar las gotas de sudor, sacó un pañuelo que se pasaba constantemente por el rostro. Al terminar el debate, incluso Anna, la madre de Nixon, llamó para preguntar si estaba enfermo, mientras en las filas demócratas celebraban.

Ese debate televisado marcó un hito en la carrera hacia la Presidencia de Estados Unidos en la que se impuso Kennedy.

La edad de Reagan

El republicano Ronald Reagan, de 73 años, noqueó a su rival demócrata Walter Mondale cuando pronunció lo que se convertiría quizás en el momento más memorable de la historia de los debates presidenciales.

Ante la pregunta directa sobre su edad, respondió: “No voy a hacer de la edad un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”. La respuesta arrancó una carcajada incluso del propio Mondale. Reagan terminó ganando.

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Las grande habilidades de Barack Obama en los debates eran mantener la calma, responder con ironía elegante y conectar argumentos complejos con frases simples y memorables.



Durante uno de los debates presidenciales de 2012, el republicano Mitt Romney repitió una de sus frases de campaña favoritas: que la Marina de Estados Unidos era la más pequeña desde la Primera Guerra Mundial. La respuesta de Obama fue genial: “También tenemos menos caballos y bayonetas, porque la naturaleza de nuestro ejército ha cambiado. Tenemos estas cosas llamadas portaaviones, donde los aviones aterrizan. Tenemos estos barcos que van bajo el agua: submarinos nucleares”. Y remató: “La pregunta no es un juego de Batalla Naval donde contamos barcos. La pregunta es: ¿cuáles son nuestras capacidades?”.

La frase desencadenó una avalancha en Twitter y “caballos y bayonetas” se convirtió en el término de búsqueda más popular de la noche en Google. En el momento exacto en que Obama pronunció esas palabras, los tuits por minuto alcanzaron 105.767, el pico más alto de todo el debate. En total se enviaron 6,5 millones de tuits durante los 90 minutos.

Fueron registros que anunciaban que si bien los debates eran importantes, las mediciones en las redes lo eran más.
Trasladado eso a Colombia podría decirse que lo ocurrido en estas elecciones no es una puerta que se cierra sino otra que se abre. Tal como lo veremos desde este fin de semana, cuando los candidatos cierren su campaña en las plazas públicas y se jueguen su destino en las trincheras digitales.

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