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Noboa interviene en la campaña a favor de De la Espriella a horas de las elecciones
Elecciones Colombia 2026
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Noboa interviene en la campaña a favor de De la Espriella a horas de las elecciones

Aunque el presidente de Ecuador anuncia que eliminará los aranceles a las importaciones desde Colombia en un gesto de apoyo al aspirante de extrema derecha, su declaración coincide con el cumplimiento de una resolución de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Intromisión política o maniobra diplomática? Lo que hay detrás del gesto de Noboa.

Por: Armando Neira

Es evidente que al presidente de Ecuador, Daniel Noboa, no le gusta la izquierda. Está en su legítimo derecho. El problema es cuando sus decisiones van más allá de las fronteras, en este caso una de 586 kilómetros que comparte con Colombia.

La situación, además, adquiere otro cariz porque se trata de un territorio poroso y selvático, donde los grupos armados ilegales imponen la ley de los fusiles por el control del narcotráfico y la minería ilegal, lo que exige una sintonía plena entre los gobiernos de Quito y Bogotá. Y el asunto se vuelve aún más crítico cuando Colombia está a horas de ir a las urnas para elegir a su mandatario para el período 2026-2030.

En este contexto, la irrupción de Noboa en la política colombiana resulta absolutamente inusual y con consecuencias imprevisibles para las ya deterioradas relaciones entre los dos países.

En la noche del viernes, el presidente ecuatoriano sostuvo una videollamada con el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella, en un encuentro de unos diez minutos que el aspirante exhibió como un logro de lo que sería su política exterior.

De la Espriella le pidió eliminar los aranceles y Noboa accedió, anunciando que así sería a partir del lunes. “Lo estoy haciendo como una señal de buena voluntad, de cariño, de esperanza", declaró el presidente ecuatoriano. Y como si no fuera suficiente, se mostró encantado de un posible triunfo del candidato: “Estoy convencido de que, con su fuerza, lo va a lograr este fin de semana”.

 

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En efecto, aunque Noboa presentó su decisión como un guiño a la campaña del candidato de Firmes por la Patria, esta coincide con el cumplimiento de una resolución de la Comunidad Andina de Naciones que le había dado a Ecuador plazo hasta el 21 de mayo para cesar la guerra arancelaria.

“Ahora que metieron las patas con la economía del Ecuador y el sur de Colombia, el Pacto Andino les ordenó quitar los aranceles”, escribió en la mañana de este sábado el presidente Gustavo Petro.

La injerencia gravita ruidosamente . “Atribuir una decisión de esta naturaleza, que responde a compromisos internacionales previamente asumidos, a dinámicas o coyunturas de carácter electoral, desdibuja su fundamento jurídico e institucional”, señaló, por su parte, la Cancillería. 

Y, de paso, Colombia confirmó que también derogará las medidas adoptadas en respuesta a los gravámenes ecuatorianos, con el fin de restablecer plenamente las condiciones de comercio bilateral. Así, la guerra arancelaria entre ambos países, al menos por ahora, entra en su recta final.

Aunque desde la campaña de De la Espriella celebraron el anuncio y aseguraron que el aspirante logró avances que Petro no había conseguido, el hecho revela que el problema no es solo del ámbito económico, sino de la entrada de un mandatario extranjero al proceso electoral.

En diplomacia, los gestos importan tanto como las decisiones, y aquí la señal es indiscutible: se proyecta la imagen de una frontera donde la cooperación depende de afinidades políticas más que de acuerdos institucionales estables. 

Por eso, sectores afines al Gobierno del Pacto Histórico han criticado la burda intervención, mientras que el entorno del candidato ha celebrado el gesto como una validación internacional.

Esta es una página adicional de una turbulenta historia que empezó el 21 de enero cuando Noboa anunció, para sorpresa general, un arancel del 30 por ciento a las importaciones desde Colombia. Una copia de lo que ha hecho el mandatario estadounidense Donald Trump con otras naciones y que tiene en ascuas al planeta. 

Claro, Trump comanda la economía más poderosa del mundo mientras que Noboa depende en gran medida de Colombia. Un auténtico tiro en el pie. 

El argumento central fue acusar al gobierno de Petro de no hacer lo suficiente para frenar el narcotráfico y la minería ilegal en ese espacio que comparten ambos países y donde la selva se mezcla con la violencia. Desde Quito se argumentó que la “tasa de seguridad” era necesaria ante la falta de reciprocidad y la presión que enfrenta Ecuador por parte de grupos criminales.

En este punto, los dos países tensaron la cuerda a límites nunca vistos. Colombia respondió con aranceles recíprocos del 30 por ciento y luego suspendió la venta de electricidad a Ecuador. Noboa entonces incrementó los aranceles al 50 por ciento y, finalmente, al 100 por ciento, a pesar del golpe que esto representó para su propio comercio.

No es la economía, es la política

Desde un principio, varias voces pusieron en duda que la guerra comercial respondiera únicamente a razones económicas. Las sospechas crecieron cuando Noboa redujo los aranceles del 100 por ciento al 75 por ciento tras una conversación telefónica con la candidata presidencial Paloma Valencia y quien según todas las encuestas ahora es superada por De la Espriella. La aspirante del Centro Democrático en ese momento aseguró públicamente haber influido en esa decisión. Luego fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez quien viajó a Ecuador. Y ahora los eliminó del todo tras hablar con De la Espriella.

 

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Se trata de un movimiento bastante inusual en diplomacia: que un presidente extranjero negocie directamente con un candidato de oposición —y no con el gobierno en ejercicio— a un día de las elecciones. Independientemente de quién resulte beneficiado, ese gesto tiene implicaciones para las relaciones bilaterales a largo plazo.

¿Cómo está hoy la situación allá? Los expertos señalan que esta situación, además de perjudicar a ciudadanos de ambos lados de la frontera, beneficia a los múltiples grupos armados que controlan las trochas y los caminos que atraviesan la selva. 

La línea que separa a Colombia de Ecuador tiene una extensión de 586 kilómetros y abarca los departamentos de Nariño y Putumayo del lado colombiano, y las provincias de Carchi, Sucumbíos, Esmeraldas, Imbabura, Pichincha, Napo, Orellana, Loja y Zamora Chinchipe del lado ecuatoriano.

Aunque el principal paso es el Puente Internacional de Rumichaca (Ipiales–Tulcán), que en estos días muestra a comerciantes desconcertados, en la selva la situación es muy distinta. Del lado colombiano, las disidencias surgidas de las negociaciones de paz con las FARC imponen la ley del más fuerte, y las economías ilícitas son el pan de cada día. Nariño concentra la mayor superficie de cultivos de coca del país, con el 26 por ciento del total nacional: 64.990 hectáreas. Putumayo no se queda atrás, con 50.000 hectáreas sembradas en su territorio.

Viaje a la profundo de la selva

La vegetación de Putumayo es principalmente de selva húmeda tropical y bosque andino. Predominan los bosques densos con árboles frondosos que sirven de cobertura para evitar ser detectados en patrullajes aéreos. Muchos integrantes de organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas, armas y personas, así como a la minería ilegal, pueden delinquir en un país y cruzar al otro con facilidad. Los capos, por su parte, encontraron en Ecuador un elemento que facilita sus operaciones: la dolarización, que simplifica el lavado de dinero.

Desde la llegada de Noboa al poder se ha observado una actitud de irrespeto hacia el derecho internacional. El ejemplo más flagrante fue la toma de la embajada de México en Quito por parte de las autoridades ecuatorianas, una clara violación de la inmunidad diplomática que deterioró las relaciones con el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien mantiene afinidad política con Petro.

En paralelo, Noboa ha dado pasos firmes para mostrarse cercano a Trump. Abrió la primera oficina del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en el país, creó una nueva unidad policial conjunta para identificar, desmantelar y llevar ante la justicia a quienes trafican drogas, lavan dinero, contrabandean armas y financian el terrorismo. Y también celebra en sus redes sociales su participación en el grupo impulsado por Trump “Escudo de las Américas”, cuyo propósito es la cooperación antidrogas mediante extradiciones, inteligencia compartida y planes de seguridad.

En esta dinámica, Noboa parece acelerar gestos para mostrarse más cercano a Washington que el argentino Javier Milei o el salvadoreño Nayib Bukele.

Y, como si le faltara un paso más, entró en la campaña colombiana a horas de que los electores tomen su crucial decisión, dándole un impulso al candidato de extrema derecha, cuyos seguidores celebran en las redes. Falta ver el impacto en las urnas.

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