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El expresidente Álvaro Uribe Vélez, jefe natural del Centro Democrático. Foto: Colprensa.
Elecciones Colombia 2026

“No le crean a Cepeda”: Uribe mete en la campaña al ELN y al Clan del Golfo

El exmandatario sorprende e insólitamente les tiende la mano a los grupos ilegales con una promesa: Paloma Valencia ofrecerá sometimiento a la justicia, “serio” y “de frente”, sin vaivenes políticos ni “apretones” de Estados Unidos. ¿Qué buscan con este mensaje?

Por: Armando Neira

En las elecciones en Colombia, los actores protagónicos no son solo los candidatos cuyos rostros aparecen impresos en el tarjetón, sino también el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el presidente Gustavo Petro. El primero, porque su némesis actual es Iván Cepeda, candidato de la izquierda; el segundo, porque lucha para que el proyecto del Pacto Histórico continúe en el poder.

En este contexto, Uribe se ha empleado a fondo. La eventual victoria de Cepeda sería para él una auténtica tragedia personal: quien lo llevó a la cárcel en una batalla judicial de años lo derrotaría ahora también políticamente.

En las últimas horas, Uribe cargó contra Cepeda de manera insólita al enviarles un mensaje a los grupos armados ilegales: el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las Farc, las Autodefensas Gaitanistas y el Clan del Golfo. 
Insólito, primero, porque Uribe siempre se mostró implacable frente a esas estructuras criminales y, de hecho, sostiene que el Centro Democrático debe volver al poder precisamente porque ellas se desbordaron durante el Gobierno de Petro y su política de paz total.

Y, segundo, porque en ese mensaje –un video grabado a campo abierto en Segovia, Antioquia– les dice que no se dejen engañar: que en cuanto Cepeda sienta un apretón de Estados Unidos los va a traicionar, mientras que con Paloma Valencia “las cosas son en serio” y habrá un sometimiento a la justicia “de acuerdo con la Constitución y de frente”.

Es un mensaje llamativo porque, si hay algún político colombiano que haya estado sintonizado históricamente con Washington, ese es Uribe. Prueba de ello es que él mismo no dudó en extraditar a toda la cúpula de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) cuando estas habían negociado un acuerdo de paz.
Por eso este caso tiene ingredientes de coyuntura política, de historia, de poder, de traiciones y de una confrontación que no cesa.

La larga batalla judicial

La batalla judicial entre ambos se remonta a 2011, cuando el entonces representante Cepeda entrevistó a Juan Guillermo Monsalve en la cárcel de Cómbita, en Boyacá. En esa conversación, Monsalve hizo revelaciones sobre presuntos vínculos de la familia Uribe con grupos paramilitares.  

Cepeda preparó un detallado debate en el Congreso y, en septiembre de 2014, siendo ya senador, lo convocó en plenaria. Uribe, quien también era senador del recién creado partido Centro Democrático, reaccionó de manera emocional: abandonó el recinto y anunció que iba a denunciar ante la Corte Suprema de Justicia a Cepeda por supuesta manipulación de testigos.

Sin embargo, la Corte archivó la denuncia contra Cepeda en 2018 y, en un giro inesperado, abrió una investigación contra Uribe Vélez por la misma causa. Uribe fue declarado culpable de fraude procesal y soborno en actuación penal en julio de 2025. 
Aunque el Tribunal Superior de Bogotá ordenó su libertad, en respuesta a una tutela de su defensa, la decisión es de carácter cautelar: no lo absuelve y la condena –de 12 años de prisión domiciliaria– sigue vigente mientras se resuelve el recurso de apelación.

Álvaro Uribe, la candidata presidencial Paloma Valencia y el aspirante a la vicepresidencia Juan Daniel Oviedo. Foto: Colprensa.
Álvaro Uribe, la candidata presidencial Paloma Valencia y el aspirante a la Vicepresidencia Juan Daniel Oviedo. Foto: Colprensa.

Nace un candidato

Con todo, la izquierda encontró en Cepeda un héroe inesperado en momentos en los que se buscaba un candidato viable para darle continuidad a su proyecto político. En ese momento, a Cepeda no se le había pasado siquiera por la cabeza aspirar a llegar a la Casa de Nariño, pero con semejante triunfo judicial su nombre tomó un impulso incuestionable. Desde entonces lidera las encuestas de intención de voto, que coinciden en que es el único con un cupo prácticamente asegurado en segunda vuelta.
En la otra orilla, Uribe entró a la campaña con dos candidatos: el ultraderechista Abelardo de la Espriella y la aspirante oficial del Centro Democrático, Paloma Valencia, quien ganó con holgura la Gran Consulta por Colombia. Todo transcurría con relativa tranquilidad hasta que se fueron decantado los nombres y de quienes realmente tienen opción de poder ganar.

El quid del asunto es que, según las encuestas, Valencia tiene pocas opciones de pasar a segunda vuelta, mientras que De la Espriella ha sorprendido hasta el punto de creer que puede representar una derecha más allá del uribismo.
Y ahí fue Troya porque sintieron que Uribe es el pasado y Abelardo el futuro. Desde las cuentas de seguidores del abogado se replican videos elaborados con inteligencia artificial en los que se asegura que Uribe se ablandó y que incluso se reúne con Juan Manuel Santos para respaldar a Valencia. Este hecho ofende naturalmente al expresidente Uribe, quien no perdona a Santos por haber negociado la paz con las Farc.

En esta dinámica, Tomás Uribe Moreno, hijo del expresidente, denunció que el equipo del candidato ultra estaría financiando influenciadores para atacar a su padre e identificó a Carlos Suárez, estratega digital, y a Enrique Gómez, jefe de debate, como responsables de la supuesta estrategia.

La dura competencia en la derecha

Es un capítulo de la tensión permanente entre las campañas de De la Espriella y Valencia, que compiten por el mismo electorado de derecha. Uribe lanzó críticas a influenciadores “pagados por campañas” que, según dijo, “destruyen la democracia” con calumnias, en referencias indirectas a figuras cercanas a la candidatura de De la Espriella. Y aunque el choque se da entre operadores digitales de ambas campañas, la familia Uribe señala a asesores específicos de la campaña rival como responsables.
“La única candidata del Centro Democrático es Paloma”, dice el expresidente, quien recuerda que De la Espriella no participó en la selección interna de aspirantes y cuestionó su entrada tardía a la contienda presidencial.

De la Espriella está encantado porque siente que ya tomó vuelo propio. Según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría para CAMBIO, la última en publicarse, existe un empate técnico: Iván Cepeda lidera con el 33,4 por ciento de intención de voto, frente al 30,9 por ciento de Abelardo de la Espriella. Paloma Valencia se ubica en un distante tercer lugar, con el 12,6 por ciento. La candidata de Uribe está casi tres veces por debajo de quien representa la extrema derecha.

En estas circunstancias se produjo el video de Uribe que se puede interpretar como una hábil jugada porque él nunca da puntada sin dedal o también de que perdió los nervios y volvió a poner en la actualidad un tema que se creía cosa del pasado: ¿Por qué mandó a los paras a cárceles de Estados Unidos cuando se desempeñaba como jefe de Estado?

¿Por qué Uribe mandó a los paras a Estados Unidos?

Sobre ese episodio hay dos lecturas principales. Una sostiene que Uribe traicionó a los paramilitares porque estos estaban confesando detalles comprometedores. Comandantes como Ever Veloza, alias HH, estaban revelando quiénes estaban detrás del proyecto paramilitar: los políticos a los que beneficiaron, los oficiales del Ejército con quienes coordinaban operaciones y la localización de los desaparecidos. Algunas versiones apuntan a que al gobierno le incomodó que las confesiones salpicaran a figuras poderosas de la industria y la política.

The New York Times vinculó las extradiciones con las confesiones sobre lazos entre paramilitares y aliados o familiares de Uribe, señalando que aquellas cerraron efectivamente el acceso a esa información. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos advirtió que las extradiciones estaban impidiendo la investigación y el juzgamiento de graves crímenes en Colombia, cerrando las posibilidades de participación de las víctimas y haciendo casi imposible probar los vínculos entre agentes del Estado y líderes paramilitares.

Uribe, por su parte, argumentó en su momento que, como condición previa a su envío, exigió a las autoridades norteamericanas el compromiso de garantizarle al Estado colombiano pleno acceso a las cárceles para que los extraditados pudieran seguir rindiendo declaraciones en procesos colombianos, y que actuó así porque los capos continuaban delinquiendo desde prisión.

Los 14 comandantes paramilitares fueron extraditados en 2008 de un día para otro, sin que ellos lo esperaran. Salvatore Mancuso empezó a revelar años después, desde su prisión en Estados Unidos, detalles sobre supuestos vínculos entre las AUC y el entorno del expresidente, alimentando precisamente el proceso judicial que enfrentó Uribe hasta su condena. Es decir, una versión que se escuchó durante el caso en el que él estaba en el banquillo de los acusados y Cepeda exigiéndole que contara la verdad.
Si aquello fue traición o justicia depende de a quién se le pregunte. Pero el efecto concreto fue que los paramilitares quedaron lejos, sus confesiones en Colombia se frenaron y la verdad sobre los vínculos políticos quedó enterrada durante años.
Y ahora, cuando nadie lo esperaba, el caso vuelve a ponerse sobre la mesa porque Uribe se dirige directamente a los comandantes de organizaciones criminales que tienen en llamas varias regiones del país. 

¿Lo que eso refleja es la desesperación de un expresidente que siente que su candidata se quedará por fuera de la segunda vuelta y que Cepeda –su archienemigo, quien lo derrotó judicialmente– puede derrotarlo ahora también en las urnas?
 

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