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“Es triste e injusto que Aida Quilcué estigmatice a los graduados de las mejores universidades”: Edna Bonilla
La fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo y docente con tres décadas de experiencia lamenta las afirmaciones de la dupla de Iván Cepeda, quien dijo que esos profesionales lo único que aprendieron fue a robar. “Nos vemos en segunda vuelta porque hay un 28 % de indecisos que nos darán el triunfo”, dice.
Por: Armando Neira
De la baraja de candidatos que figuran en el tarjetón que los colombianos recibirán este domingo, Edna Bonilla (Bogotá, 1970) —candidata a la Vicepresidencia por el partido Dignidad y Compromiso, como fórmula de Sergio Fajardo— es posiblemente la que más experiencia tiene en educación. Docente de la Universidad Nacional durante 28 años, secretaria de Educación de Bogotá y coautora del libro Vivir para aprender: un homenaje a la labor del docente, esas son algunas de las credenciales que figuran en su currículo.
CAMBIO: A horas de que los electores de Colombia vayan a las urnas, ¿cuál es la sensación que usted tiene en este instante?
EDNA BONILLA: Estamos muy contentos de ver la respuesta de la gente. Trabajamos para presentar ideas y propuestas serias y, por ende, confiamos en que este domingo nos den su voto. Estamos satisfechos, aunque también preocupados por la extrema polarización que se está dando.
CAMBIO: ¿Por qué cree usted que se llegó a este punto de polarización?
E. B.: La polarización actual se da, claramente, por las conveniencias políticas de Uribe y de Petro. Ellos y sus seguidores la alimentan a diario. Nosotros, con Sergio Fajardo, al contrario, venimos con una propuesta de ir por un camino distinto, que deja atrás lo que hemos llamado las trincheras.
CAMBIO: ¿Y cuál es su propuesta?
E. B.: Mostrarle al país que se requiere un cambio, efectivamente, pero que este sea serio y seguro; que podamos hablar de seguridad para todas y todos, y también de las causas sociales, que son muy importantes, y hay que defenderlas. Proponemos un cambio tranquilo y sin polarización.
CAMBIO: Usted dice que los dos representantes de los extremos son Uribe y Petro. Sin embargo, Abelardo de la Espriella está en una pelea abierta, al menos en redes, con el expresidente Uribe. ¿Cómo se explica ese fenómeno si él, en este instante, no está, al menos en apariencia, con Uribe?
E. B.: “Al menos en apariencia”, lo ha dicho usted. La derecha y la ultraderecha terminan uniéndose. Un discurso como el de De la Espriella, que invita a un gobierno “Ni con los de siempre, ni para tibios”, lo que muestra de entrada es la descalificación del otro y el propósito de llevar a la sociedad a un punto incierto, arrastrada por discursos de odio y de miedo.

CAMBIO: ¿Entonces qué hacer?
E. B.: Para que no gane el candidato del presidente Gustavo Petro, la sociedad no puede irse con alguien que no ha gobernado, que tiene nula experiencia para un cargo tan complejo; alguien que, además, tiene un pasado que genera temor frente a la manera como ha obtenido sus recursos. De De la Espriella no conocemos absolutamente nada. Ayer, precisamente en una entrevista, su esposa decía: “Si no ganas la Presidencia, nos devolvemos a Italia, donde vivimos, y aquí no ha pasado nada”.
CAMBIO: ¿Qué reflexión hace de esa afirmación?
E. B.: Es lamentable. Pero no solo eso. Nos están llevando hacia la posibilidad de que gane una persona que, con sus comportamientos, ha violentado a las mujeres y tensiona completamente la institucionalidad.
CAMBIO: ¿De la Espriella es el responsable de esta situación?
E. B.: Todo es más complejo. Tenemos un presidente de izquierda que llegó con un discurso de actuar distinto y que ahora tiene un candidato al que claramente le está haciendo campaña. El otro candidato se aprovecha de ese miedo, se retroalimenta, y han creado este clima de polarización extrema.
CAMBIO: A propósito del candidato Iván Cepeda y del presidente Petro, ¿cómo delimitar la participación en política? Porque, si bien las normas establecen que los mandatarios de turno no pueden favorecer a sus candidatos, también es raro que un gobierno, el que sea, no pueda mostrar su apoyo a quien continuaría con sus políticas públicas. ¿No es una norma un tanto anticuada?
E. B.: Hay unas líneas éticas que ningún gobierno y ninguna persona que participe en política debería cruzar. Y están las leyes vigentes. Lo que estamos viendo con el presidente Petro es vergonzoso: un mandatario y unos altos funcionarios participando en política sin ruborizarse. Son líneas éticas que se han venido corriendo de manera permanente.
CAMBIO: ¿Por qué cree que nadie los controla?
E. B.: Uno esperaría una participación más activa de los órganos de control y de la Procuraduría. Nosotros hemos hecho un llamado para que la misma ciudadanía esté vigilante. Le reitero: Lo que está pasando no se había visto en ningún gobierno anterior. Uno podía saber que el presidente podía tener un candidato de sus afectos, pero había un respeto. Hoy lo que vemos es que las líneas éticas se corrieron en los dos extremos. Por eso nosotros, con Sergio Fajardo, hemos hecho el llamado a respetarnos, a que esas líneas éticas y morales se mantengan.
CAMBIO: ¿Ustedes dos insisten con el tema de la moral, la ética? ¿Cómo les ha ido en este propósito?
E. B.: Es una campaña profundamente desigual, no solo en términos de participación política, sino también en términos de financiación. Nosotros, como campaña, hasta el viernes pasado recibimos el anticipo. ¡Faltando ocho días para las elecciones! Es lamentable el presupuesto que hemos tenido; el acceso a muchos medios también se ha limitado. El llamado que hacemos es a respetar esas reglas y esos límites.

CAMBIO: Pero sigamos con el discurso de ustedes de hacer las cosas bien, y sin embargo las encuestas no los favorecen. ¿Qué conclusión saca de esto?
E. B.: No peleo con las encuestas. Lo digo sinceramente: Las encuestas son válidas. Usted aplica una metodología, recolecta la información y presenta unos resultados. Pero también nosotros tenemos la ilusión de lo que escuchamos, de lo que vemos en las redes y en las calles. La polarización lleva al miedo; la polarización lleva al odio: “Voy a votar en contra de, no quiero que llegue al poder esta persona”. Seguramente sí nos ha hecho falta conectar mucho más con la emoción; es una autocrítica que a veces nos hacemos.
CAMBIO: ¿Y por qué no lo hacen?
E. B.: Porque hemos hecho un esfuerzo por invitar al voto con propuestas serias. Nosotros hemos ido a todos los debates a los que nos han invitado, participado en todos los espacios disponibles, porque creemos en las ideas. Fortalecer la democracia significa estar en los debates; fortalecer la democracia no puede ser huirles ni aislarse de comentar sobre políticas o decisiones del Estado. Hemos tratado de ser muy serios porque la situación y los problemas del país son serios.
CAMBIO: ¿Los demás candidatos no le parecen serios?
E. B.: Respeto profundamente a un candidato como Iván Cepeda, porque creo que es una persona seria, pero me entristece mucho su ausencia en los debates y sus pronunciamientos frente a cosas que ha hecho el actual gobierno, por ejemplo, frente al gravísimo tema de la corrupción. Me entristece ver a un candidato como Abelardo de la Espriella, que nunca ha prestado un servicio público al país, que maltrata a los periodistas y a las mujeres, y que muestra un país que yo no quiero para mis hijos. También me entristece ver una candidatura como la de Paloma Valencia y el Centro Democrático, que decidió no participar más en debates que ya habían sido citados. Uno debe ser coherente siempre.
CAMBIO: Pero ellos tienen sus ideales…
E. B.: Le hablo a los electores. No estoy diciendo que las personas renuncien a sus ideas, ni soy tan idealista como para creer que renuncien a sus miedos. ¡En esta primera vuelta votemos a conciencia! La democracia se fortalece así. Apelamos a que este domingo la gente vote informada, con sus principios, por un país en el que esta polarización que tanto daño nos hace se mitigue.
CAMBIO: ¿Por qué cree que el centro quedó extraviado en esta campaña, al menos según lo que reflejan las encuestas?
E. B.: Por la polarización, el miedo, el odio, la angustia, por un presidente que está haciendo campaña. Él gobernó el primer año; el resto se dedicó a hacer campaña política mediante la estigmatización, alimentando los odios y los extremos. En esos extremos, aparece una contraparte como Abelardo de la Espriella, que se aprovecha de ese miedo y de esa angustia, y que ridiculiza a todos, incluso a las Fuerzas Militares, cuando hace el gesto y diciendo “firmes por la patria”, cuando ni siquiera prestó el servicio militar.

CAMBIO: ¿Le parece que eso es una ridiculización?
E. B.: Sí, y no es el único ejemplo. Una persona que utiliza la inteligencia artificial de la manera como lo está haciendo para alimentar el miedo se está burlando de la sociedad. Y claro, cuando surgen posiciones más sensatas, que no movilizan emociones extremas, aparecen abajo en las encuestas.
CAMBIO: ¿Usted cree, como dicen quienes reflejan poca intención de voto, que la encuesta real es este domingo?
E. B.: No solo eso, sino que además estoy convencida de que cuando las personas se enfrenten a ese tarjetón van a confrontarse con sus propios principios y con sus propias esperanzas, más que con el miedo. Eso es a lo que nosotros, con Sergio Fajardo, le estamos apostando: a que realmente creamos que es posible mejorar la seguridad, mejorar la educación y mejorar la salud. Esos son los problemas que hay que solucionar y nosotros sabemos cómo hacerlo.
CAMBIO: ¿Por qué cree eso?
E. B.: Porque tenemos experiencia, principios y una ética que nos permite mirar a los colombianos a los ojos y decirles: es posible el cambio, pero no de la manera como se ha dado en estos últimos años.
CAMBIO: Las encuestas son números, son cifras. Si se tradujeran en votos reales, Abelardo de la Espriella obtendría unos seis millones de votos, e Iván Cepeda más o menos lo mismo. ¿Qué lectura hace usted de un país donde hay este domingo cinco o seis millones de personas que van a votar por De la Espriella?
E. B.: Dice mucho de la cultura que tiene este país. Una cultura en la que todo vale. Llevamos más de 200 años de violencia. Cuando uno revisa la historia de este país, esa violencia ha gestado una cultura en la que se cree que se puede destruir al otro. Si el otro no piensa como yo, lo más fácil no es tratar de convencerlo o seducirlo en términos políticos, sino acabar con él. Creo que eso ha florecido.
CAMBIO: ¿En qué se hace evidente esto?
E. B.: Lo que pasó la semana pasada en Llano Grande, donde unos jóvenes fueron a pintar un mural relativamente cerca de la casa del expresidente Uribe. Terminó en dos bandos: uno usaba bates y el otro tenía un puñal. Esa no es la Colombia que yo quiero. Y creo que es la Colombia que nos están vendiendo esos candidatos: nos vamos con un bate a destruir al otro y el otro se defiende con un puñal. Yo no quiero un futuro así para nuestros hijos.
CAMBIO: Al volver la vista atrás, ¿por qué se llegó a esta etapa en el país?
E. B.: Creo que ha florecido una cultura que nos quedó de la violencia vivida durante dos siglos. Colombia tuvo una cúspide de esa violencia en los años 80 y 90, que además se mezcló con una cultura del narcotráfico muy fuerte, que aún sigue dejándonos secuelas, especialmente en muchos jóvenes. Hay que luchar con argumentos, con palabras y con sentimientos frente a esas secuelas.
CAMBIO: Usted viene del mundo de la educación. ¿Por qué cree que el tema de la educación no caló en la campaña?
E. B.: Estoy aquí, en la política, en esta primera experiencia electoral mía, por la educación. El 5 de marzo escribí una columna en la revista CAMBIO en la que hacía un llamado a que la educación estuviera en el centro del debate. Al analizar más de 3.000 propuestas de candidatos al Congreso de la República, solamente el 17 % hablaba de educación. Publiqué mi columna y fue por eso que Sergio me llamó y me dijo: “Bueno, hay que pasar del ‘hay que’ al ‘hacer’, al proponer”. Y por eso estoy aquí. Y, en efecto, cuando uno va a debates siempre le preguntan por seguridad, por salud, por economía; casi nunca por educación. Con Sergio creemos que la educación es el verdadero motor de transformación de esta sociedad.
CAMBIO: La fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, Aida Quilcué, dice que quienes estudiaron en las mejores universidades del país lo único que aprendieron fue a robar la plata del pueblo. ¿Qué valoración hace usted de esa afirmación?
E. B.: Para mí es absolutamente triste e injusto estigmatizar a quienes estudian o han estudiado en las mejores universidades del país. Durante 28 años fui profesora de la Universidad Nacional y puedo decir con orgullo que mis estudiantes no son delincuentes. Estoy segura de que tampoco lo son los jóvenes de las demás universidades públicas y privadas. Miles de familias hacen enormes sacrificios para que sus hijos e hijas lleguen a un aula, porque saben que la educación sigue siendo el camino más digno para salir adelante, transformar la historia y formar mejores seres humanos.
CAMBIO: ¿Qué sintió cuando escuchó esas palabras?
E. B.: Desazón. No puedo compartir esas palabras de la candidata a la Vicepresidencia Aida Quilcué y, por el contrario, defiendo y defenderé la educación. Aparte de lamentar sus afirmaciones, la invito a una reflexión sobre la gran deuda que tenemos con los niños, las niñas y los jóvenes de este país en torno a la educación.
CAMBIO: El centro, si se dan las encuestas, va a jugar un papel muy importante y decisivo a partir del domingo porque en conjunto es un 5 %. Es decir, no gana, pero sí decide quién gobernará, ¿qué van a hacer ustedes a partir del lunes?
E. B.: Nosotros estamos convencidos de que vamos a ganar. Hay un 28 % de indecisos en este momento, y les estamos hablando a ellos para que se animen a votar, para que salgan a las calles el domingo y decidan su voto a conciencia. Esperamos estar en segunda vuelta, es lo que estamos buscando. Hoy no es el día de hablar de decisiones sobre hechos hipotéticos, sino de realidades. Son los electores los que deciden; a ellos les hemos hablado con absoluta transparencia y claridad, para que nos volvamos a ver en segunda vuelta.
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