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León de Greiff
León de Greiff. Cortesía: Fondo León de Greiff.
Cultura

‘La gran confusión de las artes’: León de Greiff en el León de Greiff

Hace 50 años murió en Bogotá el poeta León de Greiff. Para conmemorar esta fecha se llevará a cabo un homenaje muy particular, llamado ’La gran confusión de las artes’, una puesta en escena con lecturas de sus textos, ’videomapping’ y música electrónica. El escenario no podía ser otro que el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional el sábado 11 de julio, a las seis de la tarde.

Por: Eduardo Arias

La gran confusión de las artes es una lectura-performance, una obra radiofónica y un collage literario basados en la obra de León de Greiff, que conmemoran los cincuenta años de su muerte, ocurrida el 11 de julio de 1976. Se presentará el sábado 11 de julio de 2026, a las seis de la tarde, en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, invitando a decenas de lectores, actores, locutores, músicos y artistas a celebrar su vida y su legado.

“Tener más de cuarenta personas involucradas en este homenaje me llena de orgullo, pues acercará y multiplicará las lecturas e interpretaciones que puedan darse de su obra”, dice Santiago Gardeazábal, director del homenaje y fundador de la agencia Nova et Vetera, encargada de la producción, con el apoyo de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia, dirigida por María Belén Sáez de Ibarra, y de aliados como la Fundación Patrimonio Fílmico Colombian y la Editorial de la Universidad Nacional de Colombia, entre muchas otras personas e instituciones.

El objetivo de Gardeazábal también es el de homenajear a greiffianos como Miguel Escobar Calle, el mismo Hjalmar de Greiff (hijo del poeta) y Carlos Barreiro Ortiz, quienes dedicaron buena parte de su vida a su estudio y divulgación, pero que, a su vez, eran amantes de esas “músicas mútilas urdidas en la propia fábrica loca de su cabeza”.

Cómo abordar la confusión de las artes

El nombre del evento viene de una prosa de 1946 en la que León de Greiff habla de “la confusión fraternal de las artes”. Allí aparecen la escultura musical, la poesía plástica, la música coloreada y la prosa de pastelería. “Los pintores abandonan la representación de las apariencias; un escultor ambiciona modelar el silencio y esculpir el huracán; los músicos orquestan postulados matemáticos; y los sabios inventan una astronomía auditiva, una trigonometría cromática y una dinámica odorífera. La imagen describe muy bien el proyecto, porque se trata de una obra en la que la poesía se mezcla con la radio, la música electrónica, el arte sonoro, la actuación, las artes visuales, el archivo y las traducciones”, dice Gardeazábal.

Escoger el formato radiofónico no fue un gesto gratuito ni surgió al azar. Gardeazábal recuerda que 1895, el año en que nació De Greiff, coincide con el momento en que Guglielmo Marconi realizó sus primeros experimentos decisivos de transmisión inalámbrica. Además, la radio fue muy importante para León de Greiff. “No sólo participó, junto con su hermano Otto y un grupo de amantes de la música, en la fundación de la Radiodifusora Nacional, sino que difundió por sus ondas y por las de la HJCK programas como Extravagancia y capricho, en los que desarrolló un estilo muy particular. Es una prosa muy especial, muy ligada a su arte poética, que podría incluso prefigurar algunos procedimientos de Joyce y que todavía no se ha explorado lo suficiente”.

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León de Greiff (segundo de izquierda a derecha) en una tertulia en el café El Automático. Cortesía: Santiago Gardeazábal.

Gardeazábal comenta que el programa radiofónico fue desarrollado también por artistas como Antonin Artaud como una técnica para crear un género que superponía lo literario, el arte sonoro y lo musical. Alfred Jarry también representa un antecedente de esa libertad literaria y de la mezcla de lenguajes. Walter Benjamin consagró páginas a la radio y sus posibilidades estéticas. “Este ejercicio colectivo de voces trae consigo contextos que muestran la diversidad no solo de nuestro país, sino también de las vidas y los intercambios que presuponen las traducciones a idiomas tan particulares como el tagalo o filipino, el indonesio, el italiano, el francés, el alemán, el ruso y el inglés, entre muchos otros. Esa idea de un lector multicultural que pueda ir al fondo del universo greiffiano siempre me ha seducido”.

También considera vanguardista e innovador volver a la lectura de poemas en los escenarios de Colombia, en un panorama de artes escénicas repleto de artificios y distracciones donde el texto ha quedado muchas veces relegado. “Esa delirante mezcla de disciplinas describe muy bien lo que hacemos como compañía y también lo que buscamos en esta obra: que la poesía entre en contacto con la radio, la música electrónica, la interpretación, las artes visuales, el archivo y las diferentes lenguas en las que la obra de León de Greiff ha sido leída y traducida”.

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Otto y León de Greiff. Cortesía: Santiago Gardeazábal.

Un componente muy llamativo en La gran confusión de las artes es la música electrónica. Al respecto, Gardeazábal recuerda que “León de Greiff habla de la música de Edgar Varèse, lo que prueba que no solo era un amante de la música clásica, sino que estaba al tanto de las vanguardias y de los aportes que la técnica podía traer a la concepción de la música del futuro. La música electrónica de Varèse y, más adelante, la de Stockhausen, combina muchas de las intuiciones de la poesía de De Greiff. Su rapidez y su agilidad mental dan cuenta de ello”. También estaba al tanto de tendencias como el Sonido 13 del mexicano Julián Carrillo, que revolucionó la música mundial y aún sigue, en cierta medida, en la penumbra. Pero no solo las músicas llamadas 'cultas' sedujeron a De Greiff. Los programas de la Radio Nacional de Colombia en la época de los De Greiff muestran que la concepción de lo contemporáneo incluía también manifestaciones que suelen considerase folclóricas o tradicionales. “Estas deberían seguir formando parte de lo que entendemos como nuestra música contemporánea. Las microtonalidades de flautas milenarias pueden emitir sonidos cercanos a los logrados por sintetizadores como el VCS 3, desarrollado por Peter Zinovieff y David Cockerell, que estará presente en el homenaje bajo el comando de David Feferbaum, creador del Centro de Documentación Musical y amigo cercano de la familia del poeta”.

Enfatiza que en La gran confusión de las artes no se busca que la música electrónica ilustre la poesía, sino que dialogue con ella, con su velocidad, sus asociaciones, sus rupturas, sus ritmos y su arquitectura verbal. “Queremos poner en relación la voz humana, los instrumentos, las músicas tradicionales, el archivo radiofónico y la síntesis electrónica, dentro de esa gran confusión fraternal de las artes imaginada por León de Greiff”.

Las apuestas de Nova et Vetera

Nova et Vetera es una agencia que existe desde 2012, dedicada a la curaduría, producción y circulación de proyectos musicales, escénicos e interdisciplinarios. “Nos interesa generar encuentros entre artistas de distintas generaciones, procedencias y lenguajes; entre la creación contemporánea y los repertorios históricos; entre artistas internacionales y locales; entre el archivo, la memoria y la experimentación”. Agrega Gardeazábal que la poesía ha estado siempre presente en los programas de Nova et Vetera, aunque quizás esta sea la primera vez que producen y dirigen una obra en la que constituye el eje central. Lleva el nombre del último libro publicado en vida por León de Greiff, antes de los dos tomos de Tercer Mundo, donde se incluyó Vieja y novísima, otra selección de textos posteriores.

Escogió ese nombre porque recupera una locución latina que significa “las cosas nuevas y las antiguas” o “lo nuevo y lo antiguo”, y que expresa el diálogo entre generaciones de artistas con los que trabaja la compañía. “Pero también muestra la sintonía horizontal entre esos artistas que vienen de diferentes latitudes del mundo y los artistas locales. Nova et Vetera es también un libro en el que el arte poético de De Greiff llega a una madurez vanguardista y esconde un mensaje sibilino, cifrado, que necesita de un trabajo de memoria y, sobre todo, de una experiencia con los versos anteriores, escritos durante tantos años por De Greiff, para poder develar su arquitectura de vocablos”.

Un greiffiano precoz

Gardeazábal conoció la obra de León de Greiff a los 12 años. En el barrio de Teusaquillo, donde vivía su abuela, él y su padre descubrieron una bolsa de basura que una vecina de la abuela había botado al río Arzobispo. “La bolsa se abrió y tenía adentro discos de 78 y 33 revoluciones y algunos libros. Entre ellos estaban Viaje a pie, de Fernando González, en su primera edición, impresa en París en 1929, y Variaciones alrededor de nada, de León de Greiff. Ambos estaban dedicados a una mujer, doña Esther de Bonitto”. Él guardó esos libros durante muchos años. “Con Viaje a pie viajé por las montañas de Colombia y con De Greiff se me abrió un mundo entero, una galaxia. Más adelante, en París, descubrí algunas ediciones en bibliotecas y comencé a buscar indicios y pistas que sigo juntando hasta hoy”.

Esa dedicación de tantos años a la lectura y relectura de la obra de De Greiff obedece a la trascendencia y relevancia que él encuentra en ella. “León de Greiff, como bien lo describe su excelentísimo traductor ruso Serguéi Goncharenko, es una galaxia aparte que no admite ni tiene discípulos. Sólo somos humildes amantes de sus versos quienes nos cobijamos en su arquitectura de vocablos, palabras y construcciones hipnóticas, en esas explosiones paronímicas que nos acompañan durante toda la vida y dan sentido a nuestro breve instante en este mundo”.

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León de Greiff en la biblioteca de su casa. Cortesía: Fondo León de Greiff.

Gardeazábal considera que la poesía de León de Greiff es de interés para las generaciones que nacieron después de la muerte del poeta en 1976. “Creo que les habla, aunque quizás no de una forma inmediata ni sencilla. La poesía de De Greiff exige un lector dispuesto a entrar en su ritmo, en sus referencias, en sus palabras y en su música”. Agrega que quizás ese lector para el que escribió no haya nacido todavía. “Su poesía parece dirigirse hacia el futuro y esperar a lectores capaces de desarrollar una técnica, una memoria y un oído suficientes para interpretarla”.

Destaca que en una época en la que el lenguaje se simplifica cada vez más y en la que todo parece tener que ser entendido inmediatamente, De Greiff propone detenerse, escuchar, repetir, estudiar y dejarse acompañar durante años por los versos. “Su poesía puede hablarles a las nuevas generaciones precisamente porque no está agotada. Todavía no hemos terminado de leerla, de escucharla ni de comprender todas sus posibilidades. Las traducciones, las lecturas orales, la música, la radio y las nuevas investigaciones pueden seguir abriendo entradas distintas a su universo”.

Gardeazábal también reconoce la importancia de que de los herederos del maestro hayan decidido disponer su archivo manuscrito para los investigadores y dejarlo en custodia del archivo de la Universidad Nacional de Colombia, cuidando siempre su patrimonio y asegurándose de que siga dando frutos al país al que tanto le dedicó. “Quizás ahora que la Universidad Nacional y, sobre todo, Hjalmar de Greiff han entregado el trabajo de toda una vida, más de cincuenta años de edición, las nuevas generaciones puedan explorarlo a profundidad”.

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