
Raíces y semillas: la historia de un municipio que aprendió a hablar de derechos sexuales y reproductivos con el apoyo de Profamilia
En este municipio del suroccidente colombiano poco se hablaba de educación integral en sexualidad. Durante más de un año, Profamilia, con el apoyo de la organización alemana Johanniter, buscó sembrar las semillas del cambio entre mujeres, jóvenes y liderazgos comunitarios para transformar esta realidad. Esta es la historia.
A Liliana Vallejo nunca le pudieron arrancar la voz. Hace 20 años fue víctima de uno de los capítulos más atroces y deshumanizantes del conflicto armado colombiano. Aunque el miedo la invadía, el silencio dejó de ser una opción. “Soy sobreviviente de violencia sexual. Fue un hecho denigrante y humillante para nosotras como mujeres cuando los grupos al margen de la ley nos agarraron de escudo humano”, dice con el acento sereno de esa voz presente.
Pero mucho antes de aquel hecho, el desplazamiento forzado ya había tocado su puerta. Treinta y siete años atrás, Liliana —bogotana de nacimiento— tuvo que echar y cortar raíces en diferentes lugares, pasando por la zona fronteriza con Ecuador hasta establecerse finalmente Ipiales (Nariño), al suroccidente del país. Allí, en la ciudad de las nubes verdes, la tradición religiosa prima por encima de cualquier cosa y, como es de esperarse en un lugar devoto, hablar de sexualidad y violencia de género implica cargar con un peso social difícil de sobrellevar.
Lilina vivió esa carga. Navegó contra la corriente de un territorio que observa con ojos de recelo el liderazgo social, sobre todo cuando se trata de una mujer que abandera la lucha contra la violencia patriarcal. La gritería —como ella le llama— ha hecho parte fundamental de su incidencia en Ipiales. Y, pese a las amenazas que llegaron después, los diálogos, la pedagogía y otros mecanismos de acción directa como el plantón, el escándalo y la juntanza entre mujeres nunca dejaron de ser las vías para exigir justicia.
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